lunes, 29 de julio de 2013

DRRR!! - Te odio, Shizuo. [Shizaya yaoi]


 -Te odio, Shizuo.
Susurra Izaya mirando la silla de su estudio. No puede sentarse, le molesta el trasero por lo que estuvo haciendo 10 horas antes. También le duele el pecho de los mordiscos que el rubio le estuvo marcando. Namie sabe lo que ocurre, y sólo suelta una pequeña risita al pasar junto a él a por unos papeles. Lo que le faltaba, que encima su secretaria se ría de él. Agarra su navaja, se pone su abrigo y sale de casa. Ikebukuro no está demasiado lejos, lo suficiente como para que Izaya recree su noche. Quizás pensar en sexo andando por la calle no es una buena idea, pero total, voy a ver a Shizzy-chan de un momento a otro. Piensa notando como crece el bulto en su entrepierna. Al cruzar la última calle que falta para entrar oficialmente en Ikebukuro, una calle repleta de hoteles Love, se fija de refilón en una pareja andando hacia el que parece el más caro. Al ver que el acompañante de una chica joven y preciosa, con tirabuzones en el pelo castaño y un vestido corto y blanco, no es nada más y menos que Heiwajima Shizuo, su corazón le da una pequeña punzada en el pecho. De un salto consigue subirse a un toldo y con otro impulso alcanza la azotea de un pequeño edificio para vigilar bien a la pareja. Ella le habla y el la contesta sin apenas mirarla, a Shizuo le es casi imposible mirar a una mujer con cabeza. Antes de cruzar las puertas correderas del hotel, Shizuo esboza una pequeña sonrisa que intenta esconder y mira a otro lado sonrojado. Con ese último gesto, Izaya cierra fuertemente los puños. No se puede creer que Shizuo esté con una chica, y para ocultar sus celos, piensa que como informador de Ikebukuro esa era una información que debería de haber sabido por lo menos antes de haberse acostado esa misma noche con Shizuo. Por esa razón esa mañana esa mañana se ha despertado solo. Baja de la azotea de la misma manera que subió y da la vuelta a la calle para llegar al lado de las escaleras de incendio del hotel. Coloca un cubo, se sube a él y luego agarra la escalera para subir hasta el primer piso. En cuanto entorna la puerta, oye la voz de Shizuo y le ve a él salir de una habitación y caminar a las escaleras desapareciendo del pasillo y dando pie a que Izaya pueda ir a la habitación de la que el que había sido su amante hasta esa mañana, salió. A ella no le da tiempo a decir nada, Izaya ha entrado en la habitación y de ha tirado hacia ella como un gato sobre su presa y tiene la navaja rozando su cuello mientras que con la otra mano le tapa la boca. En seguida reconoce su cara. Esa chica trabaja en el programa infantil favorito de Izaya como “Princesa Dulce”, lo que le molesta más ya que él no soporta ese personaje. Abre la boca para decir algo, pero no le da tiempo ya que alguien le tira contra el suelo, quitándole la navaja y agarrando sus manos con la mano que le queda libre. Al atacante, que lleva gorra, unas gafas de sol grandes y oscuras y la boca tapada con una máscara, se le caen las gafas sobre la cara de Izaya dejando ver sus ojos llenos de ira tan corrientes en la familia Heiwajima.
-¿Orihara Izaya? ¿Querías volver a culpar a mi hermano de asesinato?
-Kasuka, suéltalo-rompe la tensión la voz de Shizuo.
El rubio se acerca enfadado y en cuanto Kasuka se aparta, golpea a Izaya dejándolo inconsciente. Después le carga como a un saco de patatas y sale de la habitación.
Izaya despierta sobresaltado. Le duele la cabeza, esta algo mareado y para colmo no sabe donde esta. Se incorpora e intenta averiguarlo mientras que recuerda todo lo ocurrido antes de dormirse. Por alguna razón su ropa esta en el suelo, junto a una mesa donde hay unas gafas y un paquete de tabaco. No ha estado allí nunca pero reconoce el lugar con el simple hecho de lo pequeño, mal decorado y sucio que está. En la cama, junto a él, duerme Shizuo.
-¡Despierta! ¡Vamos! ¿Por qué me has pegado?-Le mueve del hombro y se aparta cuando lo ve levantarse.
-Oh, cállate o te volveré a dar, pulga-despierta enfadado.-Te he pegado porque te lo merecías. ¿Por qué has atacado a Kanata-san?
-Porque...-Izaya se levanta e intenta que Shizuo no le mire a la cara.-Por nada. ¿Qué hacia tu hermano allí...?
-Es su novia, se tienen que encontrar así por el trabajo, ya sabes, no quieren que la prensa se entere-se sienta y agarra el paquete de tabaco.
-Quería que te culpasen por el asesinato, pero ya veo que no ha resultado como planeaba-se pone los pantalones y se gira para sonreír a Shizuo.
-Ya-Shizuo se levanta y tira a Izaya contra la cama quedando el encima.-¿Con qué celoso?
-No...-se resiste un poco sin fuerza.-Ah, ¡suéltame! Aún me duele el culo de anoche por tu culpa.
-Ajam. Te voy a castigar por molestar a mi hermano-tira de sus pantalones, se los quita y mete la mano bajo su calzoncillo.
-Shizzy-chan, antes de que haga nada...-traga saliva.- ¿De qué hablabas con la Princesa Dulce cuando entraste en el hotel...?
-¿La Princesa Dulce...?-Shizuo ríe sin apartarse.-¿De verdad ves eso?
-Es entretenido. ¡Contesta mi pregunta!
-Me preguntó que si yo también tenía a alguien especial, y le respondí que sí.
-Te odio, Shizuo...-abraza su cuello y acerca sus labios al cuello de Shizuo.
-Ah, y yo a ti.
。。。
Kasuka cuelga el teléfono por octava vez.
-A lo mejor esta ocupado...-dice ella sentada sobre la cama y mirando a Kasuka moverse de un lado a otro.
-Tendría que haber llegado ya a por ti. Maldito Nii-san.

domingo, 26 de mayo de 2013

DRRR!! - Live in the moment. [Shizaya yaoi]

No, no puede ser. Me niego a que sea realidad. Él no ha podido morir, Tom me esta gastando una broma absurda, seguro. Lo mataré como sea una broma. Mataré a Izaya como este muerto. Escucho el ruido de la moto de Celty. La podría esperar y pedirla que me llevase hasta allí, pero eso me quitaría tiempo, voy más rápido corriendo y salteando la gente de Ikebukuro, hay mucha porque es sábado.
He llegado por fin. Hay una ambulancia y coches de policía. No... Me niego. Estoy un poco exhausto pero no lo suficiente para no poder subir por las escaleras así que corro y arranco la barandilla para estar armado. Hay policías en la puerta y me hacen soltar el arma. ¡Quiten, tengo que entrar, tengo que matar a ese cabrón! Me han dejado pasar, pero no me han hecho falta no cuatro pasos para encontrar su cadáver. Esta tumbado de espaldas en el suelo con varias puñaladas y el cuchillo aún clavado en una de estas. Izaya... No puedes estar muerto, cabrón. Yo soy el único que podía matarte, ¡levanta cabrón!  La policía me saca de allí y acabo cayendo por las escaleras. Joder Izaya, eres un maldito bastardo. Por qué te dejas asesinar, te odio tanto. Noto un dolor en la mandíbula, pero no ha sido de la caída, es otra cosa. Me coloco las gafas para que nadie me vea los ojos, eso ya sería lo último. Salgo fuera, meto la mano en mi bolsillo buscándole el tabaco y sin querer me choco con alguien. Mierda, ¡mira por donde vas! No puede ser.
-Shizzy-chan, ¿cómo tú por aquí?
Saca ese maldito cuchillo que lleva siempre encima y se echa hacia atrás. Es él, sin duda, pero... El cadáver que he visto hace un momento arriba también era él. Nada tiene sentido, ni si quiera están los coches de policía que estaban antes. Odio no entender nada.
-Shizzy-chan, parece que hubieses visto un fantasma, ¿estás bien?-guarda el cuchillo.
-Yo...-no he podido evitarlo más, le he abrazado, quería comprobar que era real y lo es.
-Tu no eres mi Shizzy-chan de siempre-se aparta asustado.-¿Estas llorando?
Oh mierda, estas gafas no tapan nada. Saco el cigarro que no he podido sacar antes y me lo pongo en la boca para encenderlo. Será mejor que me vaya antes de que se de cuenta de que me pasa algo. Tengo que volver con Tom, no hemos terminado el trabajo.

-¿Pero qué mierdas está pasando hoy? ¡Este trabajo ya lo cerramos ayer! ¡Primero lo de Izaya y ahora esto!
-¿Te ha pasado algo con Orihara Izaya?-pregunta Tom con una absoluta normalidad.
-¡Primero estaba muerto y luego no!
-¿Qué? ¿Muerto?-Le ha pillado totalmente de sorpresa, pero sí me lo ha dicho él.
-Tom, me lo has dicho hace una hora cuando he llegado. Le habían apuñalado.
-Qué dices es imposible. Hace una hora estabas de cháchara con Celty, y luego os habéis ido juntos en su moto.
-¡Eso fue ayer, viernes!
-¡Eso ha sido hoy, viernes!
-¿Qué? No. Entonces tendríamos que ir ahora a las recreativas a por el dinero.
-¿A dónde crees que vamos? Venga Shizuo, vuelve a la tierra.
He vuelto a ayer. ¿Cómo coño he vuelto al pasado? Mierda, todo es tan raro. Pero si he vuelto, quizás pueda salvar a Izaya. ¿Y para qué mierdas quiero salvar yo a ese? Ah, ya sé, lo mataré en cuanto lo salve. Me despido de Tom y vuelvo a la casa de Izaya que, maldita sea, no se encuentra allí. ¿Dónde suele ir? Siempre va tocando los cojones de la gente por ahí... Chss, no puedo hacer otra cosa que no sea esperarle aquí en la puerta. Menos mal que tengo tabaco para pasar la tarde. Me apoyo a la pared para estar más a gusto. Cada vez hay más gente paseando, incluso pasan una adolescentes hablando de Kasuka. Me miran y huyen en cuanto les devuelvo la mirada. Malditas crías, hasta a ellas las doy miedo. Por fin llega, ha tardado demasiado.
-Shizzy-chan. ¿Otra vez aquí?-Hace el amago de sacar la mano del bolsillo pero frena.
-Bastardo, llevo esperando mucho tiempo. Tenemos que hablar.
-Verás, allí atrás hay un señor que me persigue, no sé la razón aún, así que sube y hablamos arriba.
Un hombre le sigue, ¿eh? Seguramente sea su asesino. Podría ir allí y patearle el culo, pero creo que lo mejor será que suba y espere por sí acaso. Creo que si le cuento que he vuelto al pasado me tomará como un loco, pero quien no lo haría. Entramos en su apartamento, no recuerdo haber estado antes aquí de esta mañana, o la mañana de mañana... Demasiado confuso. Él se quita el abrigo y me sonríe como solo él sabe. Le odio tanto...
-¿Quieres una cerveza? O espera, no te gusta... ¿Un vasito de leche?
-Izaya, si me vacilas te mataré.
-Vamos Shizzy, dime que quieres.
Oigo un ruido en la escalera y salto sobre Izaya tirándole al suelo. No era nada, por un segundo había pensado...
-Sh-Shizuo, me estas aplastando ahí...-está rojo, y es que tengo la rodilla en su entrepierna . Tardo unos segundos en apartarme.
-Perdón-me levanto pero agarra mi pajarita y me besa.
Su lengua juega con la mía durante unos minutos, se me ha olvidado totalmente el odio que sentía por él. Se aparta de mi y me mira con lujuria.
-Oh Shizzy-chan, sigues siendo virgen ya estas contento. 
-Maldita pulga...-me levanto sonrojado. ¿Cómo se le ocurre decir eso?-Me voy.
Camino hasta la puerta mientras él se levanta, y cuando la abro, un hombre levantando el cuchillo que mató a Izaya me lo clava en un brazo. Acto seguido le doy un puñetazo con el otro brazo y cae al suelo. Me ha clavado el cuchillo en el brazo porque sabía que estaba aquí, si me hubiese ido a lo mejor ya lo habría matado.
-¿¡Estas bien, Shizuo?!-Izaya aparece detrás de mi para agarrarme el brazo y mirarlo horrorizado.
-Sí. No entiendo como un tipo así iba a matarte, no ha aguantado ni dos golpes y tampoco es que me haya hecho una herida profunda.
-¿Iba a matarme? ¿Cómo lo sabias? Espera, ¿has venido a salvarme?-Levanta las cejas y esboza una sonrisa junto a un sonrojo.
-Yo, bueno-paso la mano por mi pelo.-No dejaré que nadie te mate, salvo yo.
-Shizzy-chan, eres un idiota. 
Agarro su barbilla con la mano del brazo bueno y le beso. No entiendo porque ni como el tiempo volvió al pasado, tampoco que hago perdido en un beso con mi enemigo, pero es uno de los mejores momentos de mi vida, y me por alguna razón, me alegro de que sea junto a él.

miércoles, 15 de agosto de 2012

DRRR!! - Don't Go. [Shizaya yaoi]



 Ya eran las seis de la tarde, quedaba una hora para que el programa de dibujos favorito de Izaya comenzara a emitir. Estaba teniendo una conversación con los Dollars, como de costumbre, cuando alguien llamó a la puerta. Esperó un segundo, pero enseguida se dio cuenta de que Namie se había ido en busca de su hermano y no volvería tras unos días. Se despidió de sus ciber-amigos y se levantó a abrir. Al otro lado de la puerta se encontraba una chica rubia, con el pelo largo y los ojos azules. Era japonesa, y bastante guapa, tanto de cuerpo como de cara.
—Buenas tardes, Orihara Izaya-san. Soy Akise Nanao ¿Me recuerdas? —Tenía una gran sonrisa.
—Íbamos juntos a secundaria, ¿verdad? —Se apoyó a la puerta y se cruzó de brazos sonriendo.
—Verdad. Verás, unas fuentes que no puedo rebelar, me han dicho que eres el mejor informador de Ikebukuro.
—Comprendo. Pasa, pasa y siéntate—la dejó entrar y cerró la puerta. —Y dime, ¿sobre qué necesitas saber?
—Heiwajima Shizuo-san. ¿Le recuerdas? Por tu culpa le atropelló un camión—su cara cambió y se sentó en el sofá.
—Oh, como olvidar a Shizu-chan—él siguió sonriendo, arqueando una ceja y sentándose en su mesa.
—Pues, quiero verle. Necesito saber por donde se mueve.
—Espera, ¿no eras tú la chica que se le declaró en secundaria?
—Sí, la que le besó delante de todo el instituto…—sonrojó.
—Oh, entiendo. ¿Para qué quieres verle, si puedo saberlo? —Apoyó los codos en la mesa y sujeto su barbilla con las manos.
—Quiero contratarle de guarda-espaldas. Trabajo con su hermano, soy su agente y necesito a alguien para ir a Europa.
—¿Te lo quieres llevar a Europa? Vaya… Qué bien—su mirada había cambiado, a amenazante. —Sushi Ruso. ¿Conoces ese sitio?
—Sí. ¿Está allí? —Se levantó rápidamente.
—No tardará en pasar por allí.
—Muchas gracias. ¿Cuánto te debo? —Se acercó a su mesa.
—Con que te le lleves a Europa y no le vuelvas a traer, estoy pagado.
—Tranquilo, no le volverás a ver—se volvió a la puerta, y antes de salir miró a Izaya. —¿Sabes, Orihara-san? Pensaba que eras un capullo sin escrúpulos, además que me lo han dicho varias personas. Pero, puede que se equivoquen.
—Gracias y adiós.
Cuando Akise Nanao salió, Izaya palideció. Quería ver a Shizuo muerto, pero, no quería que se fuera. No podía permitirlo. Empezó a darle vueltas a la cabeza, pensando en una manera para que se quedara, pero no encontraba ninguna. Shizuo no iba a quedarse en Japón por Izaya, y menos si podía estar cerca de su hermano. <<¡Kasuka! ¡Él es la clave!>> pensó. Agarró su teléfono móvil, lo conectó al ordenador y le envió un E-mail a Shizuo con un número falso.
“Tu hermano Kasuka acaba de entrar en el apartamento de Orihara Izaya”.
Ya lo había hecho. Solo tenía que esperar. Agarró una pistola de dardos que tenía en el cajón, fue a la cocina, cogió una cerveza y se sentó en el sofá a ver los dibujos. Shizuo no tardó más de media hora en llegar. Parecía que había una estampida en el rellano y abrió la puerta de un solo puñetazo, gritando el nombre de Izaya. Este se giró, y casi sin apuntarle, le disparó dos dardos al cuello, que le dejaron K.O. en cuestión de segundos.
La luz de la luna se colaba por la ventana y le daba en los ojos a Shizuo. Llevaba horas inconsciente y le dolía la cabeza. No sabía muy bien donde estaba, pero podía imaginárselo al ver a su alrededor. Una habitación normal, con una cama, una mesilla… A su lado había un bote de leche, pero no podía cogerlo porque estaba atado de pies a manos.
—Izaya…—susurró varias veces, aumentando el volumen de su voz. —¡IZAYA! Pocos segundos después, Izaya sacó la cabeza por la puerta y sonrió.
—Buenos días, bello durmiente—uso un tono burlón.
—Voy a matarte maldito bastardo…. ¿Y Kasuka?—todavía sentía ese dolor de cabeza.
—Nunca ha estado aquí. ¿Has visto? Te he traído leche, ya que odias la cerveza…—se acercó y se sentó sobre él rodeando su cadera con las piernas.
—¿Qu-qué haces? —Se sentía avergonzado, y a la vez mareado.
—Darte de beber. Si te portas bien te llevaré al baño, ¿sí~?
—Quítate de encima, maldita pulga…—empezó a quedarse sin aire.
—¿Shizu-chan? ¿Qué te ocurre…?—se quitó de encima y le soltó las manos. —Mierda, Shizuo, no te mueras aquí…
Shizuo se estaba ahogando por culpa del veneno de los dardos. Izaya comenzó a ponerse nervioso y a apretarle el pecho, haciéndole un masaje cardio-vascular. No podía dejar que se muriera, pero no solo era el hecho de que se muriera en su casa y fuese su culpa, si no de que no quería perderle. Le tapó la nariz y le hizo el boca a boca hasta que Shizuo volvió a respirar.
—¿Estás bien? —Se apartó algo asustado.
—He estado mejor…—tosió un poco y se quedó mirándole. —¿Por qué me has salvado…?
—No puedo dejar que mueras en mi casa.
—¿¡Y por qué mierdas estoy atado?! —Movió las piernas intentando soltarse.
—Es una larga historia…—volvió a sonreír. —Shizu-chan, te sabe la boca a cigarro.
—Encima eso… Nunca pensé que alguien como tú, tan sociópata me salvaría. Y menos tú—Izaya esperaba que eso sonara amenazante, pero no lo hizo.
—B-bueno, ya sabes, nunca te fíes de las-
Antes de poder terminar, Shizuo le había cogido del cuello y había juntado sus labios.
Los dos empezaron a jugar con sus lenguas, mientras Izaya pasaba las manos por los hombros del rubio. Se separaron sin soltarse y se miraron sonrojados, el uno al otro.
—¿Por qué lo has hecho?
—Porque no me ha resultado agradable, y los besos siempre son agradables. Por lo menos el que me dieron en el instituto lo era.
—Oh, es verdad, Akise Nanao… Shizu-chan, ¿este ha sido agradable? —Titubeó.
—Deja de llamarme Shizu-chan… ¿Te acuerdas de esa chica?
—Ha venido hoy a verme… Shizu-chan, ¿te irías con ella y con tu hermano a Europa?
—¿C-con ella y mi hermano…?—hubo un silencio. —Claro que no. ¿Tienes miedo de que me vaya o me quieres echar del país?
—No es asunto tuyo…—sonrojó un poco.
—Con que no es asunto mío, ¿eh? —Le empujó contra la pared y le besó fuertemente. —No me voy a ir.
—Necesitaba saberlo, Shizu-chan…—sonrió y volvió a besarle.

martes, 7 de agosto de 2012

HTF ~ Love.



Empieza a llover, genial para el animo de Flippy, que camina por la oscuridad tropezandose con su alma. Y es que había sido un día muy difícil, desde lo mal que lo ha pasado por la mañana, hasta lo ocurrido esta tarde... Lo único que quiere es volver a casa, tumbarse en la cama, y no volver a despertar nunca. Sí, eso le gustaría. Su boina comienza a deslizarse por su cabeza, llena de sangre. La agarra y observa las manchas. Una voz le decía que entre esa sangre tenía que haber de esa maldita ardilla roja.
Esa mañana había empezado en la casa de Cluddles. Flippy había ido allí para asesinarle. Por haber estado hasta esa mañana con Flaky, y lo había conseguido. Ojos en el suelo, rodeados de intestinos y el cuerpo del chico. Flaky estaba asustada en una esquina, temblando, evitando mirar a Flippy, que aun sostenía el cuchillo. Antes de poder hacer nada, Splendid entró rompiendo la ventana y atacando a su amigo para que volviera a su ser. Splendont, que había entrado después que Splendid, agarró a Flaky, y se la llevó. Hubieron varios golpes, he incluso Splendid se llevó un navajazo en el estomago, hasta que Flippy reaccionó. Corrió al armario al ver toda la sangre y se encerró dándose cuenta de todo lo que había hecho. Todo por la rabia y los celos que le producían al pensar en que Flaky podía estar con otro. Ella no le pertenecía, nunca habían hablado de una relación. De sobra sabía que una chica tan asustadiza jamás saldría con un asesino como él. Notaba un dolor en la barbilla, quería llorar, pero un hombre no llora. Y menos un hombre que ha visto cosas como él.
—¡Flippy! ¿Eres tú? ¡Venga, vamos, hay que salir de aquí!—gritaba su amigo enmascarado.
—¡N-no puedo, Splendid! ¡Estoy cansado de perder el control...!—titubeaba.
—Entiendo...—suspiró mientras se apoyaba contra el armario.—Entonces te quedarás hay toda la vida, supongo. ¿Puedo pedirle una cita a Flaky?
Flippy dio un golpe contra el otro lado del armario.
—Splendid... ¿Estás herido?
—Bueno, solo estoy desangrándome un poquito, pero creo que se me pasará cuando me quede sin sangre, así que no hay que preocuparse—rió con ironía.
Un ruido hizo que se quitara corriendo del armario, que se abrió segundos después.
—Ya bastantes chicas tienes, no pienso dejar que te acerques a Flaky, y menos de muerto viviente, “ardilla fuente de sangre”.
Splendid soltó una pequeña carcajada, y Flippy agarró su brazo y se lo pasó sobre los hombros. Cerró los ojos y respiró hondo antes de salir de aquella casa. Caminaron unas manzanas por callejones, no querían encontrarse con alguien. Iban a la casa de Splendid, donde el se podría recuperar de la herida y Flippy se disculpara con Flaky. Tenía miedo de que ella se enfadara con él hasta el punto de odiarle. Cuando llegaron, llamaron con la esperanza de que alguien abriera, pero allí no había nadie al parecer.
—¿Llevas llaves?
—En el bolsillo izquierdo del pantalón, perdona que no las saque, pero temo desangrarme si suelto la herida.
—No pienso meterte mano.
—Venga Flippy, lo estás deseando, dame un besito.
—¡Estate quieto!—metió la mano en el pantalón y cogió la llave.
Después de entrar, dejó a Splendid sobre el sofá y subió en busca del botiquín que según el peli-azúl, estaría en la habitación de su nuevo invitado, con él que no se llevaba bien, Splendont. Llegó a la habitación, y abrió sin llamar, pensando que no habría nadie. Flaky dormía en el pecho de Splendont, y juntos en la cama de este. Al verlo, Flippy golpeó fuertemente la puerta, haciendo que Splendont saltara de la cama y se pusiera en posición de ataque contra él. Flaky gritó y se escondió detrás de la almohada, sin entender nada.
—Perdón si interrumpo algo—tragó saliva y cogió aire.—Necesito el botiquín.
—Oh, eres normal. Menos mal, no tengo ganas de pelear ahora—se relaja y se acerca al armario para sacar el botiquín.
—¿C-cómo? ¿Qu-qué ha pasado?—tartamudeaba ella desde detrás de la almohada.
—Toma, el botiquín—se acercó a dárselo y esté se lo quitó bruscamente.
Lo agarró y se fue cerrando la puerta de golpe al salir. Antes de llegar a las escaleras, la puerta se abrió y Flaky salió sonrojada.
—E-espera, ¡n-no es lo que parece. Flippy!—le gritó.
—Ah... Con que no es lo que parece...—sonrío y tiró el botiquín.
Acto seguido, corrió hacia ella y tiró encerrandola junto a él en una habitación. Echó el cerrojo y la empujó contra la cama pasando su boca por su cuello. Flaky gritaba que parase y empezó a lagrimear, pero este no paró hasta que la arrancó la ropa. La puerta calló al suelo, y Splendont apartó de un golpe a Flippy, que se chocó contra la pared y se quedó inconsciente. Flaky lloraba, y se acercó a Flippy, aun temblando y agarrándose la ropa.
—¿L-le has matado?
—No, solo se ha quedado inconsciente. Baja con Splendid, ahora le llevaré abajo—suspiró, llevándose la mano a la cabeza.
Flippy despertó varias horas después, con dolor de cabeza. Flaky, desde un sillón, le miraba tapándose con una manta hasta la boca, mientras Splendont dormía en el otro sofá.
—¿Y Splendid...?—balbuceó, incorporándose.
—A-arriba, descansando de su herida. ¿Q-qué tal estás?
—Bien, me duele la cabeza. Tengo un vago recuerdo de lo que ha pasado, lo siento de veras, Flaky. Jamás he querido hacerte daño...—bajaba el tono de la voz según hablaba.
—N-no pasa nada, s-se que no es tu culpa—se destapó un poco y le miró sonrojada.
—Si yo pudiera controlarme, si pudiera... Perdóname por todo.
—¡No! ¡S-sí pudieses controlarte, lo harías!—se tapó la boca, miró a Splendont, y se levantó quedándose frente a Flippy, sin saber si sentarse o no.—¿Sabes? N-no te tengo miedo.
—¿A-ah no? Pero he matado a tu amigo, ahí arriba casi... Algunas veces creo que yo me quedé en el campo de batalla. Que yo ya no soy...
—Tu eres Flippy, y-yo t-te qu...
—¡Buenos días!—Splendont se levantó estirándose.—¿Qué hacéis?
—Hablamos de cosas nuestras, ¿te importaría...?—le mira con ojos amenazantes.
—¿Qué? Me echas de mi salón, ¡qué mal invitado eres!—bosteza y agarra a Flaky del brazo.—Puedo irme, pero no la voy a dejar sola contigo, no quiero que te la cargues.
—P-pero Splendont...
Flippy se levantó resignado, y se fue.
Volvemos al principio, donde una puerta separa a Flippy de su casa. Está calado hasta los huesos, y deseando quitarse la ropa mojada. Se tira en el sofá, y deja que la boina tape sus ojos. Empieza a desabrocharse la chaqueta, hasta quedarse sin nada en la parte de arriba. Y antes de poder quitarse el pantalón, alguien llama a la puerta. Flippy lanza un pequeño gruñido, pero recuerda como llueve a afuera, y se levanta a abrir. Al otro lado, Splendid y Flaky, debajo de la chaqueta del Súper-héroe, con una sonrisa.
—¿Qué hacéis aquí?
—¿Venimos en mal momento? Flaky quería terminar una conversación o no se qué cosa—ríe diciendo esto.
—No... Me iba a quitar la ropa mojada. ¡Pasar! ¿Qué tal te encuentras?
—Bien, como un héroe que soy, me curo a la velocidad de la luz—sonríe y mira a Flaky.—Será mejor que me vaya, he dejado a Splendont sin conocimiento para traer a Flaky hasta aquí, no se fía de ti.
—Hace bien...
—Si ella quería venir será por algo. Confío en que no la harás nada, que ella no quiera—levanta las cejas, y los dos se sonrojan.
—Adiós, Splendid, y gracias.
—No es nada, amigo. Llamarme si tenéis algún problema—saluda con dos dedos en la cabeza, y sale.
Flaky mira muy sonrojada a Flippy. Es la primera vez que está a solas en una casa con Flippy, y él sin camiseta. Este ríe y le ofrece sentarse en el sillón, quitando la ropa del sofá.
—Ti-tienes una casa bonita...
—Ya has estado aquí otras veces—ríe.
—P-pero siempre con Splendid, o c-con alguien. Además, c-creo que nunca te he dicho que tienes una casa bonita.
—No, no lo has dicho. ¿Qué me ibas a decir cuando Splendont nos interrumpió...?—la mira, algo sonrojado.
—P-pues...—sonroja muchísimo, lo suficiente para que le salga humo y esconde la cara en las manos.—Te-te qu...
—Ay...—suspira, y se lanza a abrazarla.—Te quiero, Flaky.
—¡Y-y yo a t-ti!—le aparta un poco, empujándole, y le besa.
El sol le da en los ojos a Flippy, y hace que se despierte. Al incorporarse, puede sentir el roce del pelo rojo de Flaky en su pecho. Sonroja un poco, sonríe, y destapa a su chica, para despertarla. Flaky yace, entre sangre, con la cara llena de lagrimas, y el corazón sobre la cama. Ya no despertará.

jueves, 26 de enero de 2012

ACL [EzioxLeo]

Leo estaba sentado en su escritorio. Dibujaba a un hombre, desnudo, con el pelo algo largo, pero no le salía. Algo iba mal en ese hombre, y ni si quiera le había dibujado la cara. Por las calles de Roma, se oían a los heraldos hablar de asesinos que mataban gente asociada a los jefes de Leonardo, los Borgia. En especial, Ezio Auditore Da Firenze. Cada vez que ese nombre entraba en el taller del artista, a este, se le rizaba la piel, y se le aceleraba el corazón. Quería verle, pero no podía. Era peligroso, para los dos. Además, ¿de que le serviría? Ezio era un hombre de mujeres, de muchas y bellas mujeres, y pensar en ello, a Leo solo le hacía que el pecho le doliera. Dejó el lapiz, suspiró, y se recosto sobre el escritorio. No podía dejar de pensar en el chico de Florencia, y en qué estaría haciendo en esos momentos. De repente, un ruido. El techo vibró, como si alguien hubiera caido encima. Leonardo se dío cuenta de que en toda Roma sonaban las campanas, y se levantó para ir a ver que pasaba. En cuanto abrío la puerta, Ezio entro de golpe y acabaron los dos en el suelo. El chico, más bien hombre, de pelo castaño, sonrío, se levanto corriendo y cerró la puerta.
-Ha faltado poco-estiró la mano para levantar a su camarada.
-¡Ezio, amigo! ¡Me alegro de que estes bien!-este le recibió con un calido abrazo, como de costumbre.
-Si no te importa que me esconda aquí un poco, es por que afuera...
-Mirá, ya tendrás tiempo de contarmelo. Ahora sientate, voy a sacar vino.
Ezio esbozó una linda sonrísa y se sentó en el escritorio. Mientras esperaba, miró los trabajos de Leonardo. 
-Leo, ¿qué es esto?-levantó el ultimo dibujo que estaba haciendo.               
-Eh... -Dejó las copas, sin saber muy bien que decir.-Estaba dibujando las proporciones perfectas de un hombre. Sí, eso...
Soltó unas pequeñas carcajadas mientras servía el vino. sabia que Ezio era algo bobo, pero tenía miedo de que no tanto. 
-Oh. Creo qué la tiene muy pequeña. Siendo tú como eres... Habrás visto muchas, ¿no? 
Este comentario hizo que el rubio sonrojara. De un trago, se metió la copa de vino de un solo trago. No se podía creer lo que acababa de decir el asesino, le venia grande tener que explicarle eso. Río un poco, y se volvió a llenar la copa.
-Perdón por el comentario, es que pensaba que tú...-se disculó Ezio al ver la reacción de Leo.
-Tranquilo... Muchas, no, no he visto.
Los dos bebiéron de nuevo. Intentando cambiar de tema.
-Eh... ¿En qué estas trabajando?
-Estoy pintando cua...-La puerta fue aporreada. 
Ezio, salió corriendo y se metío detras de la puerta, mientras que Leonardo la abrió. Un señor de la guardia, junto a otros, estaban al otro lado. El artista tragó saliva y sonrío.
-¡Buenas tardes! Le traemos esta carta, de la señorita Lucrecia Borgia.
-Muchas gracias.-hizo una pequeña reverencia, y cerró.
-¿Qué es?-preguntó el asesino volviendo a la mesa.
-Un estúpido encargo, nada nuevo...-dejo la carta sobre la mesa, se sentó y suspiró.
El rubio estaba cansado de trabajar para los enemigos de el chico al que amaba. Se sentía mal cada vez que tenía que hacerles un arma, o otro tipo de cosas. Cerró los ojos, y antes de abrirlos, notó el roce de los labios de Ezio con los suyos. Estuvo a punto de apartarse, para pedir explicaciones, pero en cambio, abrio los labios dejando entrar la lengua del qué poco a poco iba a dominar su cuerpo. 
-Ezio... ¿Qué esta pasando? 
-Leonardo, es que, ultimamente, no he podido dejar de pensar en tí, y sentia que tenia que tocarte y...-le volvio a besar. Más fuerte, con más lujuria.
Las manos de Ezio paseaban por todo el cuerpo de Leonardo, hasta llegar a los pantalones, mientras sus labios le acosaban el cuello a besos. Leonardo gemía, mientras notaba las manos calidas de Ezio tocandole la entre-pierna. Leo bajó al suelo, y Ezio le siguió mientras le quitaba los pantalones. Leonardo empezó a notar algo en su espalda, como si le acariciasen para que se despertara.
Y en efecto. Abrió. Verrocchio, su ayudante, le estaba despertando.
-Ah... Me he dormido...-se rascó los ojos.
-Maestro... ¿Esta bien?-sonrojó un poco.
-Pues claro que...-Leo se dió cuenta del bulto que tenía en la entre-pierna y se tapó corriendo con la boina.- Vete a hacer cosas.
-Es que tiene visita...-Verroncio señaló a Ezio, que sonrió y le abrazo.
-¡Qué de tiempo Leonardo!
-¡Ezio, amigo!
-Te veo... ¡Contento!-rió.
-Eh...-Leo se rasco la cabeza, riendo incomodo.- Anda, vamos a tomar una copa de vino, y me cuentas como mataste a Cesar Borgia.
Los dos amigos se sentaron a hablar, aunque Leo prefiriese hacer otra cosa, estaba feliz de estar con su amigo.                                              

lunes, 23 de enero de 2012

Danielle, an assassin's more.

[Danielle, Jeff y Max son OC's, los demás personajes pertenecen todos al videojuego Assassin's Creed.]
  Danielle... El viento que cortaba con su carrera, susurraba su nombre. Su corazón palpitaba fuertemente y sus pupilas estaban dilatadas. El veneno le empezaba a hacer efecto y le pesaba el cuerpo, como si llevara zapatos de plomo. Miro a ambos lados de la carretera y cruzó sin ni siquiera pararse, pero no pudo más, más bien, su cuerpo no pudo más y cayó al suelo. Se apoyo en sus brazos, mientras que su hoja oculta caía rota de el mecanismo de su muñeca derecha. Se arrastro unos centímetros, y tosiendo, sacó la pistola.
-Puñeteros templarios...-volvió a toser.-Juro que morirán todos.
Cerró los ojos, para no romper a llorar.
Del edificio de enfrente, cayó haciendo un salto de fe un cuerpo al contenedor de basura. De él, salió un chaval, con una capucha, parecida a la de Danielle, que le tapaba toda la cara, salvo una sonrisa malvada. Del cinturón saco un bote, y se agachó para dárselo a ella.
-¿Sigues viva, Dan?-le pincho la mejilla con el dedo.
-Claro-suspiró y le miró.- No puedo levantar los brazos, me siento...
Antes de que pudiera seguir hablando, él ya le había obligado a beber se el bote, que contenía una especie de antídoto.
-Tenemos ordenes de alejarnos de Abstergo. Estamos perdiendo demasiados hermanos-la tomó en brazos, como a una princesa.-Lucy se las apaña bien sin nosotros...
Aceleró el paso, el silencio solo lo rompían sus pisadas por aquella calle.
-Jeff, ¿la echas de menos?-susurró Danielle, con miedo de recibir una respuesta.
-Claro, han pasado tantos años, que me he olvidado de su voz.
Cuanto más se acercaba al final de la calle, más se distinguía un deportivo negro de una extraña marca europea. Jeff saco una llave automática de su bolsillo y la lanzo hacia arriba, haciendo que Danielĺe la cogiera.
-Puedes abrir el coche, ¿verdad?-paro enfrente de él.
-Incluso andar.-abrió el coche.-Baja me ya...
-Claro-la dejo en el suelo.
Por un momento, Danielle perdió el equilibrio, pero Jeff la sujeto.
-No estas en condiciones de nada.-Suspiró.
La sujeto pasando su brazo por sus hombros, abrió la puerta del coche y puso a Dan en el asiento del copiloto.
-Lo siento, ultima mente...-Esperó a que Jeff se sentará en el asiento del conductor.- No se lo que me pasa.
Dan empezó a entrelazar sus manos y a jugar con los dedos, mientras que Jeff conducía serio. Siempre sonreía, menos cuando estaba de misión cerca de Abstergo. Parecía tener miedo de que le pasara algo, o eso pensaba Dan. Por suerte, casi siempre salía sin ningún rasguño.
Después de conducir varios kilómetros, Dan se sentía cansada. Volvía a notar como su cuerpo le pesaba, y su respiración le costaba. Miraba a Jeff por el rabillo del ojo, intentando que no se diera cuenta de que el veneno no se había erradicado por completo de su cuerpo. No quería preocuparte, le veía demasiado ocupado pensando en algo. Quizás en su amiga Lucy, o en los templarios. De lo que estaba segura, es que en ella no era, y eso la hacia sentir como si tuviera un agujero en el pecho.
Entonces el coche torció, y paro fuera de la carretera.
-Dan...
-¿Qu-qué?-le miró curiosa.
Este saco un pañuelo y se lo dio.
-Te sangra la nariz. ¿Te encuentras bien?
Rápidamente Danielle se limpió. Sus mejillas enrojecieron, pero no se dio cuenta. Estaba empezando a perder la sensibilidad de varias zonas de su cuerpo, y tenia arcadas. De todas maneras, asintió.
-Un poco mareada, pero bien...-saco el espejo y se miró.
-Quizás no haya funcionado bien el antídoto...
De un movimiento rápido, casi invisible, Jeff echo hacia atrás el asiento de Dan, que se quedo sorprendida y un poco asustada. Él se acercó, y junto sus cabezas por la frente para comprobar si tenia fiebre.
-Tienes unas décimas, no es buena señal.
-De-dejame. Solo necesito descansar y una bolsa para vomitar...
-Qué agradable-levantó lentamente el asiento y la incorporó.-En la guantera hay bolsas para eso.
Dan metió los dedos y tiró para abrirla. Dentro había un paquete de chicles, unas pastillas y una caja de preservativos, pero ninguna bolsa.
-Como no quieras que use un... ¿Para qué tienes aquí condones?
-¿Condones?
Jeff se apoyo un momento en las piernas de Dan, y metió la mano dentro de la guantera, palpando todo lo posible, hasta que saco una bolsa negra.
-Toma-se colocó.-Los condones no son...
-Para. No quiero saber lo que haces en este coche, que ya bastantes ganas tengo de vomitar-abrió la bolsa.
Él río sonrojado. Dan pensó que era una risa de... ''Sí. Me tiro a todo lo que pillo.'' Pero no. Era una risa de... ''Solo me acostaría contigo.''
-Son de Becca. Le presté el coche no hace mucho. Si quieres ahora se los das.
-Eh... No-sonrojó un poco.
Jeff suspiró. Levantó el brazo derecho, y acarició la mejilla de Dan, esbozando una pequeña sonrisa.
-¿Estas mejor?
Se encogió de hombros.
-Supongo que sí... Volvamos, quiero hablar con Becca...
-¿Sobre los condones?-arrancó.
Danielle negó. Quería olvidar ese tema ya.
Después de llegar a la base de los asesinos, Max, un chico que estaba estudiando medicina, le saco sangre a Danielle que se encontraba recostada en el animus. Jeff había salido con Shaun a fuera y Rebecca tecleaba en su ordenador mientras escuchaba música por el MP3. Dan le hizo un gesto para que se lo quita y esperó.
-¿Qué necesitas?
-Becca. ¿Has hablado con Jeff ultima mente?-se incorporó.
-Eh... No, la verdad es que desde que me dejo el coche no he vuelto a hablar con él. ¿Por qué? ¿Le pasa algo?-apoyo su codo en la mesa y su cabeza en su mano.
-Le he notado más raro que de costumbre-suspiró y se levantó.
Esperaba escuchar un ''Tranquila, seguro que no es nada'', pero Rebecca se limitó a volver a la pantalla del ordenado.
Caminó unos pasos, y entro en una sala donde Max hacía sus experimentos. Empezó a mirar las probetas de colores, y poco a poco, se empezaba a marear. Sus pulmones se iban cerrando impidiendo el paso del aire y, Danielle, se cayó al suelo. Aun consciente, escucho la puerta abrirse y unos pasos que iban hacia ella. Seguidamente, noto un pinchazo en la nuca y como alguien la sentaba y apoyaba su espalda en la pared. No veía bien, algo borroso, pero pudo reconocer el pelo castaño y rizado de Max.
-Aguanta pelirroja, te acabo de inyectar antídoto-dijo acariciándola la cara.
Poco a poco, iba recobrando la visión, y pudo mirar los ojos claros ojos de Max que reflejaban los suyos pardos. Se colocó bien y tosió un poco.
-Gracias Max. ¿Qué veneno?
-Era una mezcla entre varios venenos-se cruzo de piernas.-Esta gente avanza a unos grandes pasos, pero nosotros somos mejores.
-Supongo, si no, no estaría viva-rieron.
-Bueno, también es gracias a Jeff. Si no te hubiera dado el primer antídoto, no creo que este hubiera funcionado ni tan rápido ni tan eficaz-se cruzó de brazos.
-Luego se lo agradeceré.
Mientras ellos mantienen una conversación en el laboratorio, Jeff volvió a buscar a Danielle para llevarla a casa, pero Rebecca le dijo que estaba con Max. Lo primero que sintió fueron celos, pero no podía justificar se los a nadie, porque nadie sabía sus sentimientos hacia Danielle. Solo se dedicó a sonreír y caminar hasta la puerta del laboratorio.
-¿Y por qué no le dices que le quieres?
-Porque no es tan fácil...
Max le agarro la mano, y puso cara de cachorro abandonado.
-Desde que te conocí, solo he podido pensar en ti. Estas hay cuando te necesito, cuando río, cuando lloro. Para mi lo eres todo, y te quiero.
Al escuchar esto último, Jeff abrió la puerta de un portazo, creyendo evitar la parte de la confesión de Danielle hacia Max. Se acercó a ellos, y sonrío de una manera tan forzosa, que los dos se dieron cuenta.
-Siento si interrumpo algo, pero será mejor que te lleve a tu casa, Danielle.
Max se levantó y ayudo a Danielle. Luego miró a Jeff, y después a Danielle, y empezó a reír.
-Eh... Jeff, se que lo has oído todo, debajo de la capucha tienes cara de tonto. Pero tranquilo, eso no iba para Danielle.
Pero él solo negó, y tiró de Danielle.
Jeff bajaba serio las escaleras y Dan iba detras. Ninguno soltaba palabra de lo que acababa de pasar y el aire se notaba tenso. Él iba acelerando el paso, y la pelirroja intentaba seguirle, pero aun no estaba del todo recuperada y acabo tropezando y cayendo en su espalda. Se agarro a su sudadera y soltó un pequeño gemido de dolor.
-Lo... Lo siento-gimoteo.- Max no se me ha confesado, ha dicho eso...
Antes de que pudiera terminar, Jeff se giró y la abrazo.
-No pienso permitir que nadie más que yo se te acerque.
La dio un beso en la mejilla, se giró, y cogiéndola del trasero, la subió a caballito y siguió bajando las escaleras. Una vez llegaron abajo, Jeff la soltó y se agacho hasta que sus caras estaban a la misma altura. Ella le echo la capucha hacia atrás, enseñando sus negros cabellos y sus ojos verde oscuros.
-Te amo, Danielle-era la primera vez que había dicho su nombre completo.
-Y yo...
Antes de poder terminar, sonaron sus teléfonos móviles. A los dos les enviaron un SMS en el que les pedían volver a Abstergo, porque Luce tenía problemas. Jeff se puso la capucha corriendo y fue hacia el coche con la misma rapidez.
-No me da tiempo a llevarte a casa, espera aquí-montó.
-Jeff, espera por favor...
Pero no le hizo caso. Arrancó y se fue, dejando sola a Danielle en el aparcamiento.
Sentada, Danielle se mordía las uñas. Quería que Jeff volviera sano y salvo, y lo más pronto posible. Golpeó la mesa y se levantó gruñendo con frustración.
-Calma.-Le aconsejó Rebecca.
-Es un bruto, volverá sin rasguños.
-Eso espero, Shaun, eso espero-metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar de un lado a otro.
-¿Quieres hacer una sesión de animus?
-Me-meterme ahí-señaló la maquina.
-Sí. ¿No quieres ver que vivió algún antepasado tuyo?-sonrío y preparó el animus.
-Eh... Bueno, si con eso se me pasa más rápido el tiempo.- Se levantó y se sentó en la maquina.
-Notarás un pequeño pinchazo, ve cerrando los ojos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Mad Hatter in world [2º Kain in Wonderland]

Mad Hatter in The World.
Hatter se queda mirando los escaparates. Las luces la llaman y los coches la asustan. La gente se la queda mirando. La verdad es que va vestida de sombrerera. Esa profesión se perdió hace años y la ropa que lleva, siglos. La llevo hasta mi apartamento. No tiene nada, ya que lo iba a dejar después de la misión. Mi móvil esta estropeado aun, así que llamo por el teléfono fijo. Nadie me lo coge. Será mejor que llame desde donde valla. Tengo algo de dinero suelto, y una tarjeta de crédito privada de emergencias para que no me rastreen. Supongo que esto es una emergencia. Hatter sigue alucinando mientras amanece. Salimos del piso en dirección al aeropuerto. Compruebo que nadie nos sigue y paro a un taxi.
-Al aeropuerto-abro la puerta para que Hatter suba.
-¿Tengo que subir en el carro endemoniado este?
-Te prometo que no te pasara nada. Anda sube-acabo empujándola y sentándome yo.
-¿Vais a una fiesta de disfraces o algo así?-pregunta el conductor, arrancando.
-¿Una fiesta? ¿Vamos a una fiesta?-me mira Hatter.
-Sí… Algo así.
-Oye Kain, esto se mueve-susurra.
-Sí. Nos lleva al aeropuerto.
-¿Es el lugar donde esta la fiesta?
-Más o menos-bajo la ventanilla.
-¡Oh!-me aplasta y se asoma.- ¡Qué guay!
-Ey, es peligroso hacer eso-la quito.-Puede llegar otro coche y llevarte por delante.
-Pero es tan chachi. ¿No puedo hacerlo en otro sitio donde no haya coches?
-Um… No sé, ya se me ocurrirá algún lugar.
El conductor pone la radio, pero no busca un canal de música, si no de noticias.
-<<Ultima hora, se ha hecho la autopsia al cadáver del concejal Evans. Murió de tres puñaladas. Él testigo habla de un señor de veintiocho años aproximadamente, con el pelo oscuro. Las autoridades se están movilizando y buscando…>>.
-Kain, ¿donde esta la señora que habla?
-Es la radio. La señora habla lejos, y por ondas…-miro su cara, no se entera de nada.-Es magia.
-¡Anda!
¿Veintiocho? Tengo 17, hay veces que me confunden con que tuviera 14, no 28. En mi país me llaman “shota” los desgraciados… Como se nota que estaba hasta el culo de droga. Hatter no se entera de nada. Le gusta mirar por la ventana y ver todas las luces.
Hemos llegado al aeropuerto, menos mal que el conductor no ha hecho muchas preguntas… Compro dos billetes de avión para el próximo vuelo. Nos vamos a España, Madrid. Unos días allí y luego de vuelta a Japón. Me pregunto si para ir a Wonderland abra que estar en algún lugar concreto.
-Hatter, para volver a Wonderland, ¿qué haremos?
-Um… No lo sé. Nunca he salido de allí, tendré que preguntarle a Shiro.
-¿A Shiro? Pero Shiro esta en Wonderland-me siento.
-¡Es verdad!-se sienta a mi lado.-Pues no lo sé, preguntaremos a Alicia.
-Claro, como que no hay Alicias en el mundo…
La gente sigue mirando a Hatter. Encima, yo la llamo así. Creo que es hora de un cambio.
-Esto… Hatter. A partir de ahora te llamaras… Noa. Es un nombre bonito, y te pega. En japonés significa amor.
-¿No me puedo seguir llamando Mad Hatter?
-Sí. Pero aquí la gente tiene nombres, lo tuyo parece un apodo.
-Pero yo no quiero. Quiero seguir siendo Mad Hatter.
-Y lo seguirás siendo, pero si alguien te pregunta te llamas Noa Hatter, ¿vale?
-¿Eso no es mentir?
-Aquí se llama salvarse el culo. Lo siento Hatter, pero es como yo. Me llamo Shiki, pero no lo sabe nadie más que tú y yo.
-Esta bien…
-Y otra cosa, vamos a comprar-cojo su mano y tiro de ella.
-¿A comprar?
-Sí, alguien te da algo…
-Se lo que es comprar, no soy idiota. ¿El qué vamos a comprar?
-Te vamos a comprar ropa nueva. Aquí la gente no viste como tú y cuanto menos llamemos la atención mejor.
En el Duttifri hay muchas tiendas, y no son tan caras, ya que no tienen impuestos. Se ha comprado un vestido, y es algo corto. Valla, cada vez que se mueve me hace sonrojar…
-Estas m-muy guapa.
-Gracias-sonríe.
-Venga, vamos al avión.
-¿Qué es un avión?
-Es como un coche/pájaro. Ya lo veras-me cuelgo la mochila con la ropa de Hatter al hombro y vamos hacia la puerta de embarque.
¿Sabéis qué el gorro de Hatter esconde todo lo que metas dentro? No cabe nada grande, es un gorro. Pero si mi pistola, y gracias al gorro no nos hemos metido en un lío por llevarla con nosotros. Acabamos de motar en el avión, no hay mucha gente. La azafata habla mientras Hatter atiende seriamente. He, he. Que linda.
-Kain, tengo un poco de miedo.
-¿De volar?
-No. De esa azafata. Se parece a la reina de corazones. ¿Y sí viene y te pide que te vallas con ella a palacio?-me río.
-No seas tonta. Se parece, sí, pero no es ella. Además, si me pidiese que me fuera, la diría que no. Y aquí no me pueden cortar la cabeza-río otra vez, sabiendo que lo ultimo no es del todo cierto.
-Am…
Me abrocho el cinturón, ya vamos a despegar. Miro a Hatter, tiene problemas para ponérselo. Creo que me estoy riendo más que en toda mi vida, hoy.
-Espera-se lo pongo.
-Gra-gracias. ¿Aquí no se puede abrir?-señala la ventanilla.
-No, la gente se podría tirar. Además, hay mucha velocidad, podrías caerte sin querer.
-Oh… Siento algo de calor.
-Espera-le pongo el aire enfocando a ella.
-¡Ah! Por ahí entra aire. ¡Que fresquito!
-Sí. Es que hay un hielo soplándote.
-¿En serio?
-Claro-intento no reírme, pero la situación es demasiado graciosa para no hacerlo.
-¿Aquí no hay té?
-Sí. De todas maneras, en una hora o así nos traerán la comida. Así que será mejor que después de comer.
-Am… ¿Aquí nadie grita ‘’a cambiar‘’?
-No.
-¿Entonces nunca vamos a cambiar de asientos?
-No, llegaremos y bajaremos. Te prometo que cuando estemos allí jugaremos a cambiar.
-Vale…-suspira.
Cierro los ojos. Estoy muy cansado. Pienso dormir largo tendido cuando llegue al hotel. Ahora que lo pienso… ¿Qué será de Hatter? ¿Dormiremos en habitaciones separadas o juntas? Preferiría que durmiéramos en la misma cama…
-Hatter.
-¿Qué?
-Si me hubiera quedado contigo en Wonderland… ¿Dónde habría dormido?
-Um… En mi casa. Hay una habitación de invitados. No se usa desde que estuvo Alicia.
Habitaciones separadas. Pero, ¿y sí a Hatter le da por salir a investigar? ¿O mis jefes me encuentran y tengo que salir corriendo? No puedo ir de habitación en habitación buscando a Hatter para salir corriendo…
-Escucha. Dormiremos en un hotel.
-¿Hotel?
-Es un lugar con muchas habitaciones y pagas por quedarte allí. Veras, si pasase algo, es mejor que durmamos en la misma habitación.
-Claro. Como Shiro y Cheshire.
-¿Shiro y Cheshire?
-Ajam. Shiro le pidió que se casara con él, pero ella no quiso.
-Ah, no lo sabía. Supuse que habia algo entre ellos pero… Espera. ¿Estas diciendo que tú y yo somos más que amigos?
-Quien sabe-mira a la ventana.
Creo que le ha sentado mal, pero es que el solo echo de pensar que Hatter es mi novia, no sé. Sonrojo. Es que, joder. Es Hatter y es mi novia.  Estoy como un tomate.
-Kain.
-Dime.
-No estoy muy segura de ser tu novia…-palabras que se clavan en mi pecho.
-¿Po-por qué?
-Pues porque me da cosa. Soy Mad Hatter. ¿Qué hago yo con novio? Lo de Shiro y Cheshire es una cosa. Pero nosotros…
-Lo entiendo-suspiro.
-Pero somos amigos, ¿verdad?
-Claro…
Pido a una azafata un periódico. No soy capaz de mirar a Hatter, así que me escondo entre las páginas. Me están buscando en varios países, pero no soy al único que buscan de mi organización. Somos peligrosos. Hatter me toca el brazo.
-¿Sí?-digo sin levantar la mirada.
-¿Qué haces?
-Leer un periódico. Es algo aburrido.
-Ah. Da lo mismo, me estoy aburriendo.
Pido unos cascos, se los pongo a Hatter y le señalo la pantalla.
-Ya veras como te diviertes.
-Oh… ¿Hay gente plana?
-Luego te lo explico en el hotel.
Hatter suspira. La última vez que la vi así, fue cuando se creía que me iba de Wonderland. No se que decir. Ella ha dicho que no quiere que seamos nada. Quizás yo me estoy pasando haciéndola un poco de vacío. Quiero pedirla perdón. Pongo mi cabeza en su hombro y ella me agarra la mano.
Llegamos a Madrid. Es una Ciudad bastante grande. Hatter no me suelta la mano, tiene miedo de perderse. Entramos en un hotel y cogemos una habitación para dos, con dos camas, y montamos en el ascensor.
-¡Ah!-me abraza.
-¿Qué te pasa?-los que van con nosotros, nos miran.
-Es que esto se mueve.
-Tranquila-reímos.-Te lo explicare más tarde.
Llegamos a nuestra planta y vamos a la habitación.
-¡Wa! ¡Esto es más grande que mi salón del té!
-Pues sí-dejo la mochila en una silla y me tiro a la cama.-Luego iremos a cenar.
-¿Dónde?
-No lo sé. Ya veremos-cierro los ojos.
-Um… ¿Te vas a dormir?
-Tengo sueño. ¿Por qué no te pones la tele un poco?
-¿La qué?
-La televisión…-cojo el mando y la enciendo.-Toma, si no te gusta, le das a este botón y se cambia.
-¡Oh! ¡Es como en el avión! ¿Y cómo se mete la gente ahí dentro, Kain?-se sienta.
-No se meten. Ya te lo explicare luego.
-¡Siempre dices eso! Jo que aburrido eres-cambia de canal.
-Si no te gusta, no haber venido.
Hay un silencio.
-¿Te molesta que halla venido contigo?
-No. No, ni mucho menos-me levanto.-Lo siento, estoy algo irritable.
-¿Por lo de tu trabajo?
-Entre otras cosas.
-¿Cuáles son las otras cosas?
-Ah… Nada-no la puedo decir que no ser algo más que amigos me afecta.
-El que nada, no se ahoga. Kain, estas raro desde que te dije lo de ser solo amigos…
-Ah, es algo que no me esperaba, y me ha sentado algo mal…
-¿Por qué?
-Pues porque…-reviento.- No eres justa. Me besaste tu primero, si no querías nada conmigo no lo tendrías que haber echo. ¿Qué pasa? ¿Tenias miedo de que no volviera? Ibas a venir conmigo me besaras o no.
-No me trates así. Y lo que estas diciendo es mentira. Claro que tenia miedo de que no volvieras pero, no te bese por eso… Sí y no.
-No te entiendo.
-No puedes entenderme. Vengo de un país donde no existe la lógica, ¿recuerdas?
-Ya, pero aun así…
-No quiero seguir hablando de esto.
Que manera de arreglarlo. Ya no se si me quiere o solo queria venir a la tierra. Será mejor que me duerma.
Me levanto y me asomo. ¿Me pregunto si aquí habrá alguien de mi organización? Espero que no. Aun que recuerdo que en el periódico leí un articulo sobre un magnate del petróleo que iba a venir a Madrid en estos días. No creo que salga vivo de aquí. Miro el reloj. Va siendo hora de irnos a cenar. Paso de la comida de aquí. Seguro que hay alguna mujer a la que he dejado viuda. Suspiro, y sin girarme, hablo.
-Hatter, venga, apaga que vamos a cenar.
-Vale-apaga la televisión.
-Cuando volvamos podrás verla cuanto quieras-la miro.
-¡Genial!-se levanta dando un salto y sonriendo.
No entiendo nada. Para ella es como si no hubiera pasado absolutamente nada. Me agarra de la mano para no perderse, y cada vez que la miro sonríe. Eso sí, no es como siempre. Es extraña, pero al fin y al cabo es una sonrisa, y no se como puede.
Pedimos comida en una hamburguesería, y nos sentamos.
-¿Entonces como se come?
-Así-agarro la hamburguesa y le doy un bocado.
-Oh, a ver… -come un trozo.- ¡Um! ¡Eta iquisima!
-Me alegro que te guste-sonrío.
-Eh, Kain. ¿Quieres que te lo explique?-sigue comiendo.
-¿Explicar?
-Sí. Por qué te bese…-baja la cabeza.
-Um… Si no quieres hacerlo no lo hagas. Hazlo en otro momento, no quiero que te arrepientas.
-Gracias. Solo por eso, te voy a hacer un sombrero.
-Gracias-río.
-¿Te lo pondrás?
-Claro. Cuando estemos en Wonderland.
-Bien-sonríe.
Terminamos de comer y salimos a dar un paseo hasta el hotel. Ahora parece otra. Se la ve bien, y eso es bueno. Aunque yo sigo dándole vueltas. Yo quiero algo. ¿Por qué lo hizo? Soy demasiado caballeroso… Subimos por una calle transitada. Mientras caminamos, Hatter va mirando todo.
-Esto, Kain.
-¿Qué?
-No mires pero, creo que ese señor de atrás nos esta siguiendo.
-¿Qué señor?
-Ese de atrás que lleva traje y corbata.
Cambio de sentido y nos metemos en una callejuela pequeña, en la que no caben más de dos personas. Sin pensármelo dos veces, empujo a Hatter a la pared y el beso mirando por donde hemos venido. Lo sabía. El cabrón de Blackcat nos estaba siguiendo. Ahora sigue su camino hacia adelante, pero no ha podido evitar mirar al callejón.
-¿Qué…?
-Shh…-agarro su mano y salimos del callejón por el otro lado.-Menos mal que me has avisado.
-Sí tu lo dices… ¿Quién es?
-Es un compañero de trabajo. Era más bien. Creo que me están buscando. Mañana iremos a otro sitio-camino.
-Vale. Esto… Kain. ¿Sabes que me has besado?
-Sí. Lo siento. Era para huir de él.
-¿Has hecho eso otras veces? Digo… Con otras chicas.
-Y hasta con chicos. Mira, para huir o conseguir información, hay que hacer cosas que uno no quiere.
-Am… Tú fuiste mi primer beso.
-¿Sí? Bueno, viendo la de gente que hay en Wonderland no me extraña.
-Oye, en Wonderland hay mucha gente. Mi padre, el primer Mad Hatter de todos, al que Alicia conoció de niña, era el sombrerero del rey, y muchas veces me llevaba a fiestas.
-Ah… Ya decía yo que Cheshire y Mad Hatter eran tíos. Y la liebre también era un chico.
-Sus padres. Cuando vino Alicia por primera vez eran sus padres. En la segunda nosotros empezamos a ocupamos sus puestos.
-¿Alicia fue dos veces?
-Sí.
-¿Y como sabes que no volvería?
-Porque Shiro la busco y se habia casado ya…
-Ah. Oye, ¿Dónde estaba la gente?
-Se escondieron cuando la reina tomo el puesto.
-Ah. ¿Entonces por que no…?
-¿No habia besado a nadie? Soy Mad Hatter, estoy demasiado loca para ir besando chicos. ¿Por quién me tomas?
-Si tú lo dices.
-¿Cómo sabias lo de nuestros padres?
-Hay un libro… Luego te lo explico-me callo mientras entramos en el hotel.
Creo que corremos peligro. Solo me alegra saber que hemos podido despistar a ese capullo, y que fui el primer beso de Hatter. Ella no fue el mío, pero si el primero de “amor’’.
-A lo mejor ese chico solo te seguía para saludarte.
-No lo creo. Si me fuera a saludar lo habría echo inmediatamente, ¿no? Además, él no debería de estar aquí.
-¿Entonces mañana nos vamos?
-Sí. Y no nos vamos ahora porque nos podría pillar.
-Um… ¿Donde vallamos habrá tele?
-Claro.
No debería de haber traído a Hatter conmigo. La estoy poniendo en peligro… Mandare una carta a mi jefe, para que sepa lo que pienso de él, y buscaremos la mejor manera de volver Wonderland. Allí nunca me encontraran. Aun que, si Hatter no quiere nada conmigo… ¿Para qué voy a volver con ella? Bueno sí, para que no me maten. Pero… No sé. Estar todos los días con una persona así como ella.
-Hatter.
-¿Sí?-intenta encender el televisor.
-A lo mejor no vuelvo a Wonderland contigo, quizás valla luego-se la enciendo.
-¿Eh? ¿Por qué?
-Por mi trabajo.
-¿No me puedo quedar contigo?
-No, es peligroso.
-¡Pero quiero quedarme contigo! ¿Es por qué no quieres volver? ¿Por qué no quiero nada contigo?
-No, ¡claro que no! Es peligroso que te quedes aquí, Hatter. Mi trabajo es peligroso. ¿Crees que me buscan para tomar el té?
-Supongo que no.
-Pues ya esta. Tienes que volver.
-No sé como hacerlo…
-Es verdad.
-Además, no pienso irme. ¿Qué te has creído? ¿Qué soy una chica indefensa? Tengo tu Silver, y la uso mejor que tú, seguro. A mi no me van a tocar ni un pelo.
Suspiro, sabiendo que tiene razón.
-Vale, haz lo que quieras.
-¿No me vas a decir que no soy asunto tuyo o qué si me pasa algo tú te desentiendes?
-No. No voy a dejar que te pase nada. ¿De donde has sacado eso?
-Shiro…-mira la televisión.
Ya hemos salido del hotel, y aun no se muy bien donde ir. Corremos peligro en todas partes. Cogemos un taxi y Hatter baja la ventanilla.
-Kain, amo la velocidad-sonríe.
-Ya me he dado cuenta.
¡Eso me ha dado una idea! Llegamos al aeropuerto y compro unos billetes para una ciudad con un parque de atracciones gigante. Seguro que le gusta, pero no le voy a decir nada hasta que lleguemos allí. Nuestro avión sale en siete horas, así que será mejor que vallamos a comer algo.
-¿Dónde vamos ahora?-entramos en una cafetería.
-Pues… A un lugar que seguro que te gusta. Lo más parecido a tu país que hay aquí-me siento en una silla.
-¿A sí?-se sienta en frente.
-Sí. Además, allí hay mucha velocidad.
Nos bebemos un té y hablamos. De repente, noto que alguien me toca el hombro y pongo mi mano sobre Silver girándome.
-¡Kain! ¡¿Qué haces aquí!?
-Momose-san. ¡Cuánto tiempo!-me levanto y la doy un abrazo.-Pues, vamos a…-me cayo.
-Tranquilo. No diré que te he visto-sonríe.
-¿Lo sabes?
-Claro que lo sé. Estas en busca y captura, amigo mío. ¿Qué? ¿Poniéndome los cuernos con otra?
-Esto, yo no…-se levanta Hatter.
-Es Mad… Noa Hatter.
-Encantada. Soy Momose-le da un abrazo y se sienta a nuestro lado.- ¿Entonces por qué, Kain?
-No cumplí la última misión. Además, pienso desaparecer-nos sentamos.
-¿Y no me ibas a avisar? Mal amigo. ¿Vais a algún lugar?
-No te lo voy a contar, Momose.
-Me recuerda a Cheshire.
-¿A quién?
-A una amiga nuestra. Hatter, las suyas son de pega-le quito la capucha con orejas.
-Guau, como mola.
-Gracias-se la vuelve a poner.- ¿Y de qué os conocéis?
-Nos presento Cheshire.
-Anda. ¿Una cita a ciegas, eh?
-¿A ciegas?-me mira Hatter.
-Para nada-niego con la cabeza.
-¿Y vosotros sois compañeros de trabajo?
-Sí.
-Kain es mi ayudante. Si necesito ayuda se que puedo contar con él. Bueno, en la última misión, haciéndose pasar por mi novio, me compro un ramo de flores. ¡Y yo se lo tire a la cabeza para aparentar que le odiaba!-ríe.
-¿Y no se quejaron?
-¿Quién? ¿Kain?
-No, las flores. Hatter, aquí las flores no se quejan.
-¿En tu país si lo hacen?
-Sí-sonríe.
-¿De donde vienes?-buena pregunta.
-Eh, una vez, Momose y yo tuvimos que casarnos. Que odisea.
-Y que lo digas. Los vestidos no me quedan bien-ríe.
-¿Estáis casados?
-No, ya no. Kain lo anulo. No me quiere-me tira de la mejilla.
-Sí que te quiero, pero no como para pasarme la vida a tu lado. Ya me das bastante el brasa de misión, fíjate viviendo juntos.
-Eres malo, Kain. No te portes con Noa como te portas conmigo, ¿eh?
-Tranquila que no.
-Has cogido un buen chico, Noa. Kain es el único chico que conozco que no piensa en el sexo-me atraganto.
-Oh, bueno. Yo y Kain solo somos amigos.
-¿Solo? Jo, que aburrido. ¿Ni si quiera estas enamorada de él?
-Pues…
-Deja ya de atosigarla a preguntas, Momose-no quiero oír un no.
-¡Joder Kain! Bueno, me alegro de ser la única enamorada de ti. No me gusta la competencia-sonrojo.
-¿Estas enamorada de Kain?
-Sí, pero él es incapaz de amar-me pincha la mejilla.
-¿Incapaz?-se bebe lo que le queda en la taza.
-Pues sí. A estado con muchas chicas, y detrás de él ha habido bastantes. En la organización hay más de una.
-Eso no lo sabia-me mira con cara extraña, asesina y con pena.
-No se puede saber todo de mí.
-Verdad. En la primera misión que tuvimos que acostarnos juntos, me di cuenta de que tiene un tatuaje. Y eso que llevábamos de compañeros desde los 8. Cuatro años.
-¿Tienes un qué?
-Un dibujo que pone amor en japonés, en la espalda.
-Si no fueran Kanji-letras.-Diferentes diría que tiene tu nombre tatuado.
Suena una señora avisando de un vuelo por el megáfono, y Momose se levanta.
-A sido un placer conocerte Noa, y a ti verte, Kain, pero debo de irme.
-Igualmente-creo que le cuesta reconocer su nombre, aun.
-Oh… Pues lo más seguro es que esto sea un adiós.
-Bueno, ¿cuándo no lo fue? Siempre nos jugamos la vida. Ya que no sois nada, puedo hacer esto-me besa en los labios.
-¡Momose!-me quejo.
-El último-sonríe y se va.
-Ey Kain.
-¿Qué?
-¿Cuántas chicas has besado?
-No lo sé, Hatter. No llevo la cuenta.
-¿Tienes 17 años y no llevas la cuenta de las chicas que has besado? Espera, cambio la pregunta. ¿A cuantas no has besado?
-¡Déjalo ya! Es parte de mi trabajo, ¿vale?
-¿Con cuantas has tenido sexo?-sonrojo muchísimo.
-¿Eso a ti que te importa? Somos amigos, no tienes porque saber ciertas cosas. Además, estas loca, ¿no? No tienes que saberlo todo.
-Eres tan idiota que no sabrías ni hacer un gorro.
Llevamos desde la cafetería sin hablarnos, y han pasado dos horas. No tiene porque ponerse así, ni siquiera es mi novia. De Momose lo puedo esperar, ya que hasta estuvimos saliendo juntos. Poco, pero lo hicimos. Momose siempre me habia declarado su amor, así que no me parecía tan raro lo que habia pasado aquella mañana. En cambio, Hatter se habia portado fatal conmigo. Estoy cansado de silencio.
-Hatter…
-¿Qué?
-No me odies, anda.
-No te odio, pero es que me molesta que estés con otras. ¿Por qué no sales con Momose? ¿Es verdad eso de que no puedes amar?
-Más o menos. Eres la primera chica de la que me he enamorado.
-Viendo tu historial de ligues, eso es raro. ¿Por qué yo? Me conoces de hace poco. Yo tengo derecho, tu no-esta roja. Muy roja.
-¿Crees que yo lo sé? Mira, cuando me levante de tu mesa y me fui, me sentía mal. Como si hubiera comido algo en mal estado. Y cuando te vi, se me paso.
-Entonces no estas enamorado de mi, será porque bebiste té de ratón-seguro que también esto tiene algo de culpa.
-¿A sí? ¿Y por qué tengo ganas de besarte?
-Porque eres un idiota al que si le digo que le duele la nariz, se lo cree y le duele.
-Eh, ¿por qué tú tienes derecho y yo no?
-Porque yo conozco mucho sobre ti gracias a Shiro.
-Pues yo te quiero porque tú tienes derecho y no lo haces.
Me ha dado un puñetazo en el hombro y se ha ido al baño de señoras. Ahora sí que me odia, y tampoco tiene derecho.
Acabamos de llegar. Hemos ido a un hotel bastante grande. Hatter toca la televisión y la enciende. Hay un programa que habla de conejos, esta embobada.
-Kain… ¿Por qué aquí los conejos ni las flores hablan?
-Porque eso solo lo hacen en Wonderland. Aquí todo es muy aburrido.
-Pues valla. ¿Por qué hemos venido a este hotel? ¡No encuentro el mando!
-Porque me buscan-lo saco de un cajón y se lo doy.
-Ya, pero, ¿por qué aquí?-cambia de canal.
-¿Has mirado por la ventana?
-No, ¿qué hay?-se asoma.- ¡Arrea! ¡¿Qué es eso?!
-Se llama noria, montañas rusas… Depende de lo que estés diciendo. El conjunto es, parque de atracciones.
-¿Vamos a ir allí?
-Podemos dar una vuelta ahora, y mañana.
-¡Vámonos!-tira de mí.
Caminamos por todo el recinto, mientras Hatter alucina con todo lo que ve. No habla, solo mira. De repente se esconde detrás de mi.
-¿¡En qué mundo vives?!
-¿Qué?
-¡Atravesáis a los caballos y les obligáis a dar vueltas!
-¿Eh? Joder Hatter-me muero de risa.-Se llama tiovivo. No son caballos de verdad, ven.
La ayudo a subirse en un caballo, con ese vestido tan corto que lleva. Dios, soy un pervertido… Se agarra fuerte a la barra y me mira sonriendo.
-¿Esto se mueve?
-Sí, espera-monto en el de al lado.
En el tiovivo solo estamos nosotros dos. Hay muy poca gente en el parque, seguro que hay algún espectáculo o algo así. Hatter ríe. Le gusta esto de dar vueltas.
-¡Más rápido!
-Esto no va más rápido. Ahora vamos a otra, ¿vale?
-¡Sí!
Ya es tarde, no hay nadie en el parque, más que los maquinistas y la gente de algunas tiendas, las demás estan cerradas. ¿Cierran tan pronto? Esto es muy raro. Desde la noria se ve todo, y a Hatter le da algo de miedo. Esta agarrada a mí, mirando hacia abajo asustada.
-Esta muy alto…
-Tranquila, en la montaña rusa estaba más alto, y casi no te has dado cuenta.
-Es que iba muy rápido, ¿volvemos a montar?
-Ni de coña, aun estoy mareado.
-Esta bien.
La noria se ha parado. Estamos arriba del todo y Hatter tiene su cabeza escondida en mi pecho. Menos mal que no puede ver mi cara.
-¿Por qué se ha parado?
-Porque estará subiendo alguien-me asomo.
-¡Para no hagas eso!-me aprieta.
-Tranquila, que no me voy a caer-miro abajo. No hay nadie.
-Kain, quiero bajarme, estoy asustada por segunda vez en mi vida.
-¿Cuál fue la primera?
-Cuando no encontraba mi gorro, ¿sabes que miedo pase? Y luego estaba sobre mi cabeza.
-Típico de ti-río.
-Tengo ganas de beber té, y de volver a Wonderland.
Suspiro. No quiero preocupar a Hatter, pero llevamos demasiado rato parados.
Vuelve a moverse, y bajamos. Creo que debemos salir de aquí. Voy andando rápido, agarrando a Hatter.
-¿Nos vamos ya?
-Sí, vamos a cenar…
-¡Jo, yo quiero montar!
-Pero ya esta cerrado, ¿no ves que no hay nadie?
-¿Cómo que no hay nadie?-las sombras no hablan…
-¿¡Quién eres!? ¡Da la cara!
-¿Ya te has olvidado de mí, Kain?-sale de su escondite lentamente.
-Lunar.
-Mira que olvidarte de tu superior, mereces un buen castigo. ¿No me vas a presentar a tu amiga?
-Hatter, lárgate de aquí.
-Esta bien…-me suelta.
-Yo que tu no la dejaría sola, hay alguien que quiere venganza además de yo-saca la guadaña, siempre la lleva.
-Hatter, escóndete-agarro una pistola y le doy a Hatter mi Silver.
-Sí, escóndete, no quiero que te salpique la sangre-me ataca y le paro con la pistola escapándome del filo de la guadaña.
-Lunar, me desdí-do-le disparo en varias ocasiones, fallidas, ya que para las balas con la guadaña.
-Eso estaba claro, pero ¿por qué? ¿Por amor a esa joven? Suponía que ya estabas servido de eso.
-Esta vida nunca fue para mi, Lunar.
-Otros en tu posición la hubieran aprovechado. Sabes que eras como un hijo para mi-sigue atacando mientras yo me voy echando hacia atrás.
-Lo sé, y lo respeto, pero jamás hubiera elegido esta vida, y tu me obligaste.
-Porque era lo mejor. ¿Qué chico con tu edad ha estado con tantas mujeres, ha ganado tanto dinero y ha saboreado el sabor de la sangre?
-Seguro que si hay alguien más como yo, esta muerto por dentro.
-Oh, así que estas muerto por dentro. Pues también lo vas a estar por fuera-consigo darle en la mano y que suelte la guadaña con ella.-Mierda, te he enseñado bien, ¿eh?
-Por desgracia para ti-sigo disparando hasta que consigo herirle un pie y que caiga al suelo.
Miro a todos los lados, intentando descubrir donde se esconde Hatter, pero no consigo verla. Me acerco a Lunar y ocurre algo poco agradable.
Me limpio la sangre que ha salpicado en mi cara y busco a Hatter gritando varias veces su nombre, hasta que al fin oigo un “¡No!”.
-¡Hatter!-corre y se abraza a mí.
-Esa amiga tuya me ataco-esconde su cara en mi pecho.
-¿Dónde esta?
-No lo sé, yo dispare y desapareció.
-Esta bien, tranquila, llamare a Shiro para que venga a buscarte.
-Claro.
-Esto, Hatter, ¿cuál es tú nombre de pila?
-Noa, cual va a… Mierda.
Noto un pinchazo en el estomago, y veo la sangre resbalar. La aparto dadola un golpe y tirándola al suelo, apuntándola con la pistola.
-Momose, ¿por qué?
-Porque estas firmando tu sentencia de muerte con esa. Tendrías que estar conmigo.
-No, Momose. ¿Dónde esta Hatter?
-¡Kain!-Hatter sale de una tienda de recuerdos, tapada con una manta de publicidad y corre hacia Momose.- ¡Tú! ¡Devuélveme mi sombrero, estúpida!
Le quita el gorro y la da un golpe mientras que se lo pone.
-Esto… Hatter…
-¿Qué?
-Te veo todo un poco tapada con eso-me limpio la sangre de la nariz.
-Ups-se tapa como puede.-Estoy loca y soy muy peligrosa, ¡devuélveme mi ropa!
Me caigo, esto perdiendo demasiada sangre por culpa de la puñalada que me ha dado Momose. Hatter la ata y corre hacia mí para pararme la hemorragia, pero no puedo decir nada, estoy perdiendo el conocimiento.
Noto como alguien me lame la mejilla, y alguien grita.
-¡No hagas eso!
-¿Estas celoso?
-No es que… Sí lo estoy. Cheshire, tienes que dejar de lamer mejillas de gente que no sea yo.
-Pero que mono eres, ¡Shiro!
Abro los ojos, estamos en el parque, pero esta Cheshire, y Shiro. Me han cosido la herida, y el cadáver de alguien esta tapado a un lado.
-Tortolitos-mascullo.
-¡Kain! ¿Qué tal estas?
-He estado mejor. ¿Y Hatter?
-Esta con tu novia. Mira que tener novia y no decírnoslo-le matare.
-Voy a hablar con ellas…-me levanto, me duele, pero me han pasado cosas peores.
-Ey Kain, date prisa, quiero volver a Wonderland-se restriega en el cuello de Shiro como una gata en celo.
-Claro…
Me acerco a ellas, están hablando y cada una vuelve a llevar su ropa. Seria una conversación de chicas normal y corriente si no fuera por que una de ellas esta atada.
-Buenas.
-¡Kain! ¿Un té?
-No gracias-me siento a su lado.
-Kain, lo siento mucho, de verdad. No soporto verte con otra… ¿Recuerdas la boda de Akiuogi? La mate yo.
-¿Fuiste tú?
-Sí, fue la primera inocente a la que he asesinado.
-¿Por qué la mataste?-pregunta Hatter mirándola.
-Porque le puso los cuernos a su marido en su boda, con Kain. Fue una asquerosa.
-Ah.
-Era la misión, lo hice porque tenía que distraerla mientras matabas a su padre.
-No tienes por que explicarme tu trabajo, Kain. Vayámonos a Wonderland.
-Sí, será lo mejor…
-Ey, antes de que os valláis a ese sitio, gracias Kain.
-¿Gracias por qué? ¿Sabes donde vamos?
-Sí, me lo ha explicado Mad Hatter-sonríe.-Gracias por matar a Lunar, ahora estoy libre.
-No me las des-caminamos con donde están los demás, pero antes le lanzo un cuchillo al lado de Momose para que escape.
Ya estamos en Wonderland, tomando té, como aquella vez. Hatter esta como la conocí, feliz de estar con los suyos y la verdad es que yo me siento bien. Dicen que la venganza no es dulce, pero a mi me da que sí.
-Dos azucarillos por favor.
-Aquí tienes-me los echa en el té, Hatter.- ¿Sabes por qué te bese?
-No.
-Pues por que te quiero, pero no pega que yo quiera a alguien. De todas maneras te quiero.
-¿Me quieres?-río por no llorar de felicidad. Es poco masculino...
-Te quiero-me besa.
Fin.