miércoles, 1 de junio de 2011

Vocaloid Fanfics. [Fantastic Vocaloid]

Fantastic-vocaloid.
Hace mucho mucho tiemo en algun lugar lejano, vivia un Rey, una Reina y su hija, la princesa. Su nombre era Miku Hatsune, y era muy bella. Tanto, que todos los principes de los paises vecinos querian casarse con ella. Pero Miku rechazo a todos y cada uno de los candidatos. Siempre tenia alguna escusa, pero en verdad ella queria encontrar a alguien con el que su corazón palpitara. Como le pasaba con su Sirviente, Len Kagamine. Miku y Len eran amigos desde pequeños y con el paso del tiempo, Len paso a ser su sirviente. La princesa estaba bastante enamorada de Len pero, él se iba a casar con Rin, una costurera bastante bella del pueblo de la que llevaba toda la vida enamorado. Miku aceptaba que su amado se fuera a casar con otra ya que ella jamas podria estar con él, solo por ser de clase baja. Los reyes estaban cansados de que su hija no se quisisera casar con ninguno de sus pretendientes así que fueron a ver al hechicero del pueblo. Gakupo, el nombre de la hechicero, les predijo:
-La princesa ya esta enamorada, y como su amor no es correspondido, tendra que encontrar a avlguien al que le pase lo mismo, pero no aquí, lejos.
Sin entenderlo muy bien, los reyes llamaron a la general del ejercito para que acompañaran a su hija a un castillo lejano. La princesa se opuso rotundamente.
-¡No quiero ir! ¡Me quiero quedar con Len el tiempo que me queda antes de que se valla para casarse!
-Pero, Princesa Miku. Aunque me case seguire trabajando aquí-decia él.
-Sí, pero ya nunca sera igual.
-¡Haz algo!-le pedian los reyes al sirviente.
-¿Y sí la acompaño en el viaje?
-Pero... ¿No te tienes que casar?
-Sí, pero aplazare la boda.
-¡Oh, Len! ¡Gracias!-respondio abrazandole.
Aunque Miku era feliz con esto, a Len no le entusiasmaba la idea y menos a su prometida.
-Pero Rin, tengo que hacerlo, es mi trabajo.
-¡¿Y cuando quieres que nos casemos?!
-Cuando vuelva.
-Pero es que... ¿Por qué tienes que ir?
-La princesa ira a conocer a su ultimo pretendiente y tengo que encargarme de que salga bien.
Y después de muchos llantos consiguio convencerla a duras penas de que era por el bien de la princesa y el pueblo.
Partieron de mañana hacia el horizonte, con la esperanza de llegar antes de que se escondiera el sol, y así fue. Al llegar al castillo, entraron pero dentro no habia nadie. Investigaron por las habitaciones pero como no encontraron persona humana decidieron seguir el camino. Una vez salieron, se dieron cuenta que ya habia anochecido y era peligroso salir por la noche al bosque.
-Pasaremos aquí la noche-ordeno la general Meiko.
-Esta bien, cargare las cosas y haré la cena.
Derrepente se oyeron ruidos dentro. Meiko cogio su espada y entro comprovando si habia alguien mientras que Len y Miku esperaban fuera. Cuando iba a entrar en una habitación, habia alguien al otro lado de la puerta.
-¡Aah!-gritaron los dos.
-¡¿Quién eres?! ¡Identificate!
-Eso lo deberia decir yo. Estas en mi castillo.
-¿Su castillo?
-Sí. Soy el Conde Kaito Shion. Dueño de este castillo y de estas tierras. ¿Y tú?
-Soy la general del ejercito de Vocavilla. Meiko Sakine.
-¿Y se puede saber que hace usted aquí?
-He venido con mi princesa y su sirviente para cumplir con una profecia.
-¿Profecia?
Despues de contarle toda la historia, el Conde acepto sin estar muy convencido. A la princesa le resulto extraño ya que todos los hombres acababan enamorados de su belleza.
-Si no esta muy convencido, no acepte-le dijo Miku.
-Pues no, la verdad que no lo estoy pero no me queda otra. Sí no lo cumplo puede que muera solo aunque este enamorado.
-¿Esta enamorado?
-Sí. De una plebeya. Un amor no correspondido.
-Entonces no soy la unica.
La princesa y el conde se hicieron buenos amigos. Su historia era muy parecida y a Miku le gustaba conocer a alguien que le entendía.
Al día siguiente, Miku busco por todo el castillo pero no encontro a Kaito. Len decidio bajar al pueblo ya que tenia parientes por allí.
-Oh, perdone señorita, ¿la casa de Rei Kagene?
-Am, es la tercera casa en la primera a la izquierda. ¿Eres un familiar?
-Sí, es mi primo.
-Teneis un rostro parecido. Soy Luka Megurine, amiga de tu primo y dueña de la unica posada del pueblo.
-Encantado, yo soy Len Kagamine.
-¿Donde dormiras esta noche?
-Pues, he venido por un viaje de negocios, o de casamiento, como se diga. Con mi princesa y estamos en el castillo con el Conde.
-¿Eh?-derrepente se le calleron las bolsas de compra que llevaba.-¿Con el conde Kaito?
-Él mismo.
-Pe-pero... Es un vampiro.
-¡¿Un qué?!
-Lo que oyes. Jamas le veras a la luz del día. Lo sé bien, estuve con él un tiempo hasta que me entere de quien era.
-No... No lo sabia. Aunque ahora me encajan las cosas... Perdona, tengo que salvar a mi princesa.
En el castillo, Miku habia desistido ya la busqueda del Conde hasta que llego Len. Después de contarle lo ocurrido, Miku no quiso volver a su tierra. Cuanto más tiempo se quedara allí, más tiempo tardaria Len en casarse. Además, le daba morbo estar con un vampiro.
Mientras pasaba todo esto, no muy lejos, habia una casa en el bosque donde vivia una bruja llamada Tei Sukone. Estaba enamorada de Kaito y al ver a Len tambien se enamoro de él. Usaba sus poderes para ver todo lo que ocurria en el castillo, y poco a poco, empezo a odiar a Miku por tener a Kaito y a Len con ella. A tanto llego su odio y sus ansias por robarle a los caballeros que decidio asesinarla.
-La matare. Morira entre terribles sufrimientos.
Pasaron los días, Kaito aparecia por las noches y por el día despararecía. Por muchas indirectas que Len le mandara, Kaito hacia como que no sabia nada. Siempre cambiaba de tema. Len estaba cansado y tenia ganas de ver a Rin, tantas como ella de verle a él. Entonces, Rin decidio ir a buscarle. Pero, por el camino, se encontro a Tei.
-Buenos días.
-Hola...
-Mi nombre es Tei, ¿y el tuyo?
-Rin. Perdona, pero tengo un poco de prisa.
-¿Vas a ver a tu amado?
-Sí, eso espero...
-Ya somos dos. ¿Quieres que atravesemos juntas el bosque?
-Esta bien. No me vendra mal compañia.
Cayo en la trampa. Meiko decidio volver al pueblo a avisar a los reyes de que tardarian en volver un poco más de tiempo dejando solos a Miku y a Len con Kaito que solo aparecia por las noches. Miku hacia lo posible para pasar tiempo con Len.
-¿Qué haces Len?
-Le escribo a Rin una carta. Lleva dos días sin contestarme ninguna y estoy preocupado.
-Deja de preocuparte por ella. Estas aquí conmigo.
-Lo sé princesa, lo siento.
-No, perdón. Por mi culpa has tenido que aplazar la boda. Soy una ego-y antes de que pudiera terminar la frase, un ruido estruendoso aramplo con el castillo.-¿Qué ha sido eso?
-No lo sé. Quedese detras mía.
Caminaron por un largo pasillo y al bajar las escaleras, encontraron a Rin tumbada en una cama.
-¡Rin! ¿Cómo?
-A ver, querido Len. Puedes dejar a Rin que muera allí o dejar que muera tu princesa. Tú decides.
-¿Quién eres?
-No es importante pero, me llamo Tei-dijo saliendo de detras de una columna.
-¿Por qué?
-Porque no se puede tener todo en esta vida. Veras, sí vas con Rin podras salir a pedir ayuda para socorrer a tú princesa de la puñalada que se llevara. Sí ayudas a tú princesa, la cabeza de Rin rodara hasta tus pies sin que puedas hacer nada para salvarla-le señalo la guillotina en el techo.
-No me fío.
-Len, ve con Rin. Sí me hiciera algo podrias ir a pedir ayuda y nos salvariamos los tres...
-Pe-pero...
-Len, es una orden-y le empujo con lagrimas en los ojos.
-Esta bien-corrio hacia Rin.
-Bueno, tú has elejido.
Entonces se avalanzo contra Miku con su cuchillo pero para sorpresa de los que estaban allí, el cuchillo no atraveso la piel de Miku si no la de Kaito que se habia puesto en medio para salvarla la vida.
-¿Pe-pero qué?-se sorprendio Tei.
-Mala jugada.
-No. No puede ser... ¡Ah!-y salio corriendo.
-¡Kaito! ¿Estas bien?-grito Miku.
-Sí, más o menos. Llevame al sotano, por favor.
Miku cargo con Rin y Len con Kaito. Al llegar al sotano, descubrieron una especie de pequeño jardín por donde entraba la luz entre unas vidrieras.
-Oh, que bonito es esto.
-Sí... Alcanzame esas flores blancas de allí, por favor.
-Toma-se las dío Miku.
Kaito se restrego las flores por la herida empezo a sanar.
-Vereis, este jardín necesita los cuidados de la luz del día. No puedo traer aquí una vela porque a mi abuelo ya se le quemo una vez. Este jardín es magico y no puedo dejar de cuidarlo.
-Por eso te pasas el día entero aquí.
-Sí. ¿Qué pensabais? ¿Qué era un vampiro?
-Algo así-rió y miro a Len.-¿Cuando crees que Rin despertara?
-No lo sé...
-Prueba con un beso. Eso siempre funciona-dijo Kaito levantandose.
-¿Un be-beso?-sonrojo.
-Sí. ¡Te lo ordeno!-volvio a reir Miku.
-Va-vale, ¡pero no mireis!-se agacho y la beso.
-¿Eh? ¿Donde? ¡Len!-le abrazo.
-Menos mal, Rin.
-Valla, se a areglado todo.
-No, todo no mi querida princesa.
-¿No? ¿Qué falta? La bruja ha desaparecido, Len ha dado el beso de amor verdadero...
-Falta el fueron felices y comieron perdices.
Derrepente y sin previo aviso, Kaito beso a Miku. Len y Rin se casaron poco después y Kaito y Miku les siguieron. Aunque estaba lejos de el reino, el Conde y la Princesa acabaron viviendo en el castillo del Conde cuidando del jardín y Len se encargaba de llevarles los recados. Y todo el mundo fue feliz menos Tei, que se paso todo el resto de su vida castigandose creyendo que habia matado a Kaito.
-¡Y fuimos felices y comimos perdices!
Fin.

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