miércoles, 15 de agosto de 2012

DRRR!! - Don't Go. [Shizaya yaoi]



 Ya eran las seis de la tarde, quedaba una hora para que el programa de dibujos favorito de Izaya comenzara a emitir. Estaba teniendo una conversación con los Dollars, como de costumbre, cuando alguien llamó a la puerta. Esperó un segundo, pero enseguida se dio cuenta de que Namie se había ido en busca de su hermano y no volvería tras unos días. Se despidió de sus ciber-amigos y se levantó a abrir. Al otro lado de la puerta se encontraba una chica rubia, con el pelo largo y los ojos azules. Era japonesa, y bastante guapa, tanto de cuerpo como de cara.
—Buenas tardes, Orihara Izaya-san. Soy Akise Nanao ¿Me recuerdas? —Tenía una gran sonrisa.
—Íbamos juntos a secundaria, ¿verdad? —Se apoyó a la puerta y se cruzó de brazos sonriendo.
—Verdad. Verás, unas fuentes que no puedo rebelar, me han dicho que eres el mejor informador de Ikebukuro.
—Comprendo. Pasa, pasa y siéntate—la dejó entrar y cerró la puerta. —Y dime, ¿sobre qué necesitas saber?
—Heiwajima Shizuo-san. ¿Le recuerdas? Por tu culpa le atropelló un camión—su cara cambió y se sentó en el sofá.
—Oh, como olvidar a Shizu-chan—él siguió sonriendo, arqueando una ceja y sentándose en su mesa.
—Pues, quiero verle. Necesito saber por donde se mueve.
—Espera, ¿no eras tú la chica que se le declaró en secundaria?
—Sí, la que le besó delante de todo el instituto…—sonrojó.
—Oh, entiendo. ¿Para qué quieres verle, si puedo saberlo? —Apoyó los codos en la mesa y sujeto su barbilla con las manos.
—Quiero contratarle de guarda-espaldas. Trabajo con su hermano, soy su agente y necesito a alguien para ir a Europa.
—¿Te lo quieres llevar a Europa? Vaya… Qué bien—su mirada había cambiado, a amenazante. —Sushi Ruso. ¿Conoces ese sitio?
—Sí. ¿Está allí? —Se levantó rápidamente.
—No tardará en pasar por allí.
—Muchas gracias. ¿Cuánto te debo? —Se acercó a su mesa.
—Con que te le lleves a Europa y no le vuelvas a traer, estoy pagado.
—Tranquilo, no le volverás a ver—se volvió a la puerta, y antes de salir miró a Izaya. —¿Sabes, Orihara-san? Pensaba que eras un capullo sin escrúpulos, además que me lo han dicho varias personas. Pero, puede que se equivoquen.
—Gracias y adiós.
Cuando Akise Nanao salió, Izaya palideció. Quería ver a Shizuo muerto, pero, no quería que se fuera. No podía permitirlo. Empezó a darle vueltas a la cabeza, pensando en una manera para que se quedara, pero no encontraba ninguna. Shizuo no iba a quedarse en Japón por Izaya, y menos si podía estar cerca de su hermano. <<¡Kasuka! ¡Él es la clave!>> pensó. Agarró su teléfono móvil, lo conectó al ordenador y le envió un E-mail a Shizuo con un número falso.
“Tu hermano Kasuka acaba de entrar en el apartamento de Orihara Izaya”.
Ya lo había hecho. Solo tenía que esperar. Agarró una pistola de dardos que tenía en el cajón, fue a la cocina, cogió una cerveza y se sentó en el sofá a ver los dibujos. Shizuo no tardó más de media hora en llegar. Parecía que había una estampida en el rellano y abrió la puerta de un solo puñetazo, gritando el nombre de Izaya. Este se giró, y casi sin apuntarle, le disparó dos dardos al cuello, que le dejaron K.O. en cuestión de segundos.
La luz de la luna se colaba por la ventana y le daba en los ojos a Shizuo. Llevaba horas inconsciente y le dolía la cabeza. No sabía muy bien donde estaba, pero podía imaginárselo al ver a su alrededor. Una habitación normal, con una cama, una mesilla… A su lado había un bote de leche, pero no podía cogerlo porque estaba atado de pies a manos.
—Izaya…—susurró varias veces, aumentando el volumen de su voz. —¡IZAYA! Pocos segundos después, Izaya sacó la cabeza por la puerta y sonrió.
—Buenos días, bello durmiente—uso un tono burlón.
—Voy a matarte maldito bastardo…. ¿Y Kasuka?—todavía sentía ese dolor de cabeza.
—Nunca ha estado aquí. ¿Has visto? Te he traído leche, ya que odias la cerveza…—se acercó y se sentó sobre él rodeando su cadera con las piernas.
—¿Qu-qué haces? —Se sentía avergonzado, y a la vez mareado.
—Darte de beber. Si te portas bien te llevaré al baño, ¿sí~?
—Quítate de encima, maldita pulga…—empezó a quedarse sin aire.
—¿Shizu-chan? ¿Qué te ocurre…?—se quitó de encima y le soltó las manos. —Mierda, Shizuo, no te mueras aquí…
Shizuo se estaba ahogando por culpa del veneno de los dardos. Izaya comenzó a ponerse nervioso y a apretarle el pecho, haciéndole un masaje cardio-vascular. No podía dejar que se muriera, pero no solo era el hecho de que se muriera en su casa y fuese su culpa, si no de que no quería perderle. Le tapó la nariz y le hizo el boca a boca hasta que Shizuo volvió a respirar.
—¿Estás bien? —Se apartó algo asustado.
—He estado mejor…—tosió un poco y se quedó mirándole. —¿Por qué me has salvado…?
—No puedo dejar que mueras en mi casa.
—¿¡Y por qué mierdas estoy atado?! —Movió las piernas intentando soltarse.
—Es una larga historia…—volvió a sonreír. —Shizu-chan, te sabe la boca a cigarro.
—Encima eso… Nunca pensé que alguien como tú, tan sociópata me salvaría. Y menos tú—Izaya esperaba que eso sonara amenazante, pero no lo hizo.
—B-bueno, ya sabes, nunca te fíes de las-
Antes de poder terminar, Shizuo le había cogido del cuello y había juntado sus labios.
Los dos empezaron a jugar con sus lenguas, mientras Izaya pasaba las manos por los hombros del rubio. Se separaron sin soltarse y se miraron sonrojados, el uno al otro.
—¿Por qué lo has hecho?
—Porque no me ha resultado agradable, y los besos siempre son agradables. Por lo menos el que me dieron en el instituto lo era.
—Oh, es verdad, Akise Nanao… Shizu-chan, ¿este ha sido agradable? —Titubeó.
—Deja de llamarme Shizu-chan… ¿Te acuerdas de esa chica?
—Ha venido hoy a verme… Shizu-chan, ¿te irías con ella y con tu hermano a Europa?
—¿C-con ella y mi hermano…?—hubo un silencio. —Claro que no. ¿Tienes miedo de que me vaya o me quieres echar del país?
—No es asunto tuyo…—sonrojó un poco.
—Con que no es asunto mío, ¿eh? —Le empujó contra la pared y le besó fuertemente. —No me voy a ir.
—Necesitaba saberlo, Shizu-chan…—sonrió y volvió a besarle.

martes, 7 de agosto de 2012

HTF ~ Love.



Empieza a llover, genial para el animo de Flippy, que camina por la oscuridad tropezandose con su alma. Y es que había sido un día muy difícil, desde lo mal que lo ha pasado por la mañana, hasta lo ocurrido esta tarde... Lo único que quiere es volver a casa, tumbarse en la cama, y no volver a despertar nunca. Sí, eso le gustaría. Su boina comienza a deslizarse por su cabeza, llena de sangre. La agarra y observa las manchas. Una voz le decía que entre esa sangre tenía que haber de esa maldita ardilla roja.
Esa mañana había empezado en la casa de Cluddles. Flippy había ido allí para asesinarle. Por haber estado hasta esa mañana con Flaky, y lo había conseguido. Ojos en el suelo, rodeados de intestinos y el cuerpo del chico. Flaky estaba asustada en una esquina, temblando, evitando mirar a Flippy, que aun sostenía el cuchillo. Antes de poder hacer nada, Splendid entró rompiendo la ventana y atacando a su amigo para que volviera a su ser. Splendont, que había entrado después que Splendid, agarró a Flaky, y se la llevó. Hubieron varios golpes, he incluso Splendid se llevó un navajazo en el estomago, hasta que Flippy reaccionó. Corrió al armario al ver toda la sangre y se encerró dándose cuenta de todo lo que había hecho. Todo por la rabia y los celos que le producían al pensar en que Flaky podía estar con otro. Ella no le pertenecía, nunca habían hablado de una relación. De sobra sabía que una chica tan asustadiza jamás saldría con un asesino como él. Notaba un dolor en la barbilla, quería llorar, pero un hombre no llora. Y menos un hombre que ha visto cosas como él.
—¡Flippy! ¿Eres tú? ¡Venga, vamos, hay que salir de aquí!—gritaba su amigo enmascarado.
—¡N-no puedo, Splendid! ¡Estoy cansado de perder el control...!—titubeaba.
—Entiendo...—suspiró mientras se apoyaba contra el armario.—Entonces te quedarás hay toda la vida, supongo. ¿Puedo pedirle una cita a Flaky?
Flippy dio un golpe contra el otro lado del armario.
—Splendid... ¿Estás herido?
—Bueno, solo estoy desangrándome un poquito, pero creo que se me pasará cuando me quede sin sangre, así que no hay que preocuparse—rió con ironía.
Un ruido hizo que se quitara corriendo del armario, que se abrió segundos después.
—Ya bastantes chicas tienes, no pienso dejar que te acerques a Flaky, y menos de muerto viviente, “ardilla fuente de sangre”.
Splendid soltó una pequeña carcajada, y Flippy agarró su brazo y se lo pasó sobre los hombros. Cerró los ojos y respiró hondo antes de salir de aquella casa. Caminaron unas manzanas por callejones, no querían encontrarse con alguien. Iban a la casa de Splendid, donde el se podría recuperar de la herida y Flippy se disculpara con Flaky. Tenía miedo de que ella se enfadara con él hasta el punto de odiarle. Cuando llegaron, llamaron con la esperanza de que alguien abriera, pero allí no había nadie al parecer.
—¿Llevas llaves?
—En el bolsillo izquierdo del pantalón, perdona que no las saque, pero temo desangrarme si suelto la herida.
—No pienso meterte mano.
—Venga Flippy, lo estás deseando, dame un besito.
—¡Estate quieto!—metió la mano en el pantalón y cogió la llave.
Después de entrar, dejó a Splendid sobre el sofá y subió en busca del botiquín que según el peli-azúl, estaría en la habitación de su nuevo invitado, con él que no se llevaba bien, Splendont. Llegó a la habitación, y abrió sin llamar, pensando que no habría nadie. Flaky dormía en el pecho de Splendont, y juntos en la cama de este. Al verlo, Flippy golpeó fuertemente la puerta, haciendo que Splendont saltara de la cama y se pusiera en posición de ataque contra él. Flaky gritó y se escondió detrás de la almohada, sin entender nada.
—Perdón si interrumpo algo—tragó saliva y cogió aire.—Necesito el botiquín.
—Oh, eres normal. Menos mal, no tengo ganas de pelear ahora—se relaja y se acerca al armario para sacar el botiquín.
—¿C-cómo? ¿Qu-qué ha pasado?—tartamudeaba ella desde detrás de la almohada.
—Toma, el botiquín—se acercó a dárselo y esté se lo quitó bruscamente.
Lo agarró y se fue cerrando la puerta de golpe al salir. Antes de llegar a las escaleras, la puerta se abrió y Flaky salió sonrojada.
—E-espera, ¡n-no es lo que parece. Flippy!—le gritó.
—Ah... Con que no es lo que parece...—sonrío y tiró el botiquín.
Acto seguido, corrió hacia ella y tiró encerrandola junto a él en una habitación. Echó el cerrojo y la empujó contra la cama pasando su boca por su cuello. Flaky gritaba que parase y empezó a lagrimear, pero este no paró hasta que la arrancó la ropa. La puerta calló al suelo, y Splendont apartó de un golpe a Flippy, que se chocó contra la pared y se quedó inconsciente. Flaky lloraba, y se acercó a Flippy, aun temblando y agarrándose la ropa.
—¿L-le has matado?
—No, solo se ha quedado inconsciente. Baja con Splendid, ahora le llevaré abajo—suspiró, llevándose la mano a la cabeza.
Flippy despertó varias horas después, con dolor de cabeza. Flaky, desde un sillón, le miraba tapándose con una manta hasta la boca, mientras Splendont dormía en el otro sofá.
—¿Y Splendid...?—balbuceó, incorporándose.
—A-arriba, descansando de su herida. ¿Q-qué tal estás?
—Bien, me duele la cabeza. Tengo un vago recuerdo de lo que ha pasado, lo siento de veras, Flaky. Jamás he querido hacerte daño...—bajaba el tono de la voz según hablaba.
—N-no pasa nada, s-se que no es tu culpa—se destapó un poco y le miró sonrojada.
—Si yo pudiera controlarme, si pudiera... Perdóname por todo.
—¡No! ¡S-sí pudieses controlarte, lo harías!—se tapó la boca, miró a Splendont, y se levantó quedándose frente a Flippy, sin saber si sentarse o no.—¿Sabes? N-no te tengo miedo.
—¿A-ah no? Pero he matado a tu amigo, ahí arriba casi... Algunas veces creo que yo me quedé en el campo de batalla. Que yo ya no soy...
—Tu eres Flippy, y-yo t-te qu...
—¡Buenos días!—Splendont se levantó estirándose.—¿Qué hacéis?
—Hablamos de cosas nuestras, ¿te importaría...?—le mira con ojos amenazantes.
—¿Qué? Me echas de mi salón, ¡qué mal invitado eres!—bosteza y agarra a Flaky del brazo.—Puedo irme, pero no la voy a dejar sola contigo, no quiero que te la cargues.
—P-pero Splendont...
Flippy se levantó resignado, y se fue.
Volvemos al principio, donde una puerta separa a Flippy de su casa. Está calado hasta los huesos, y deseando quitarse la ropa mojada. Se tira en el sofá, y deja que la boina tape sus ojos. Empieza a desabrocharse la chaqueta, hasta quedarse sin nada en la parte de arriba. Y antes de poder quitarse el pantalón, alguien llama a la puerta. Flippy lanza un pequeño gruñido, pero recuerda como llueve a afuera, y se levanta a abrir. Al otro lado, Splendid y Flaky, debajo de la chaqueta del Súper-héroe, con una sonrisa.
—¿Qué hacéis aquí?
—¿Venimos en mal momento? Flaky quería terminar una conversación o no se qué cosa—ríe diciendo esto.
—No... Me iba a quitar la ropa mojada. ¡Pasar! ¿Qué tal te encuentras?
—Bien, como un héroe que soy, me curo a la velocidad de la luz—sonríe y mira a Flaky.—Será mejor que me vaya, he dejado a Splendont sin conocimiento para traer a Flaky hasta aquí, no se fía de ti.
—Hace bien...
—Si ella quería venir será por algo. Confío en que no la harás nada, que ella no quiera—levanta las cejas, y los dos se sonrojan.
—Adiós, Splendid, y gracias.
—No es nada, amigo. Llamarme si tenéis algún problema—saluda con dos dedos en la cabeza, y sale.
Flaky mira muy sonrojada a Flippy. Es la primera vez que está a solas en una casa con Flippy, y él sin camiseta. Este ríe y le ofrece sentarse en el sillón, quitando la ropa del sofá.
—Ti-tienes una casa bonita...
—Ya has estado aquí otras veces—ríe.
—P-pero siempre con Splendid, o c-con alguien. Además, c-creo que nunca te he dicho que tienes una casa bonita.
—No, no lo has dicho. ¿Qué me ibas a decir cuando Splendont nos interrumpió...?—la mira, algo sonrojado.
—P-pues...—sonroja muchísimo, lo suficiente para que le salga humo y esconde la cara en las manos.—Te-te qu...
—Ay...—suspira, y se lanza a abrazarla.—Te quiero, Flaky.
—¡Y-y yo a t-ti!—le aparta un poco, empujándole, y le besa.
El sol le da en los ojos a Flippy, y hace que se despierte. Al incorporarse, puede sentir el roce del pelo rojo de Flaky en su pecho. Sonroja un poco, sonríe, y destapa a su chica, para despertarla. Flaky yace, entre sangre, con la cara llena de lagrimas, y el corazón sobre la cama. Ya no despertará.

jueves, 26 de enero de 2012

ACL [EzioxLeo]

Leo estaba sentado en su escritorio. Dibujaba a un hombre, desnudo, con el pelo algo largo, pero no le salía. Algo iba mal en ese hombre, y ni si quiera le había dibujado la cara. Por las calles de Roma, se oían a los heraldos hablar de asesinos que mataban gente asociada a los jefes de Leonardo, los Borgia. En especial, Ezio Auditore Da Firenze. Cada vez que ese nombre entraba en el taller del artista, a este, se le rizaba la piel, y se le aceleraba el corazón. Quería verle, pero no podía. Era peligroso, para los dos. Además, ¿de que le serviría? Ezio era un hombre de mujeres, de muchas y bellas mujeres, y pensar en ello, a Leo solo le hacía que el pecho le doliera. Dejó el lapiz, suspiró, y se recosto sobre el escritorio. No podía dejar de pensar en el chico de Florencia, y en qué estaría haciendo en esos momentos. De repente, un ruido. El techo vibró, como si alguien hubiera caido encima. Leonardo se dío cuenta de que en toda Roma sonaban las campanas, y se levantó para ir a ver que pasaba. En cuanto abrío la puerta, Ezio entro de golpe y acabaron los dos en el suelo. El chico, más bien hombre, de pelo castaño, sonrío, se levanto corriendo y cerró la puerta.
-Ha faltado poco-estiró la mano para levantar a su camarada.
-¡Ezio, amigo! ¡Me alegro de que estes bien!-este le recibió con un calido abrazo, como de costumbre.
-Si no te importa que me esconda aquí un poco, es por que afuera...
-Mirá, ya tendrás tiempo de contarmelo. Ahora sientate, voy a sacar vino.
Ezio esbozó una linda sonrísa y se sentó en el escritorio. Mientras esperaba, miró los trabajos de Leonardo. 
-Leo, ¿qué es esto?-levantó el ultimo dibujo que estaba haciendo.               
-Eh... -Dejó las copas, sin saber muy bien que decir.-Estaba dibujando las proporciones perfectas de un hombre. Sí, eso...
Soltó unas pequeñas carcajadas mientras servía el vino. sabia que Ezio era algo bobo, pero tenía miedo de que no tanto. 
-Oh. Creo qué la tiene muy pequeña. Siendo tú como eres... Habrás visto muchas, ¿no? 
Este comentario hizo que el rubio sonrojara. De un trago, se metió la copa de vino de un solo trago. No se podía creer lo que acababa de decir el asesino, le venia grande tener que explicarle eso. Río un poco, y se volvió a llenar la copa.
-Perdón por el comentario, es que pensaba que tú...-se disculó Ezio al ver la reacción de Leo.
-Tranquilo... Muchas, no, no he visto.
Los dos bebiéron de nuevo. Intentando cambiar de tema.
-Eh... ¿En qué estas trabajando?
-Estoy pintando cua...-La puerta fue aporreada. 
Ezio, salió corriendo y se metío detras de la puerta, mientras que Leonardo la abrió. Un señor de la guardia, junto a otros, estaban al otro lado. El artista tragó saliva y sonrío.
-¡Buenas tardes! Le traemos esta carta, de la señorita Lucrecia Borgia.
-Muchas gracias.-hizo una pequeña reverencia, y cerró.
-¿Qué es?-preguntó el asesino volviendo a la mesa.
-Un estúpido encargo, nada nuevo...-dejo la carta sobre la mesa, se sentó y suspiró.
El rubio estaba cansado de trabajar para los enemigos de el chico al que amaba. Se sentía mal cada vez que tenía que hacerles un arma, o otro tipo de cosas. Cerró los ojos, y antes de abrirlos, notó el roce de los labios de Ezio con los suyos. Estuvo a punto de apartarse, para pedir explicaciones, pero en cambio, abrio los labios dejando entrar la lengua del qué poco a poco iba a dominar su cuerpo. 
-Ezio... ¿Qué esta pasando? 
-Leonardo, es que, ultimamente, no he podido dejar de pensar en tí, y sentia que tenia que tocarte y...-le volvio a besar. Más fuerte, con más lujuria.
Las manos de Ezio paseaban por todo el cuerpo de Leonardo, hasta llegar a los pantalones, mientras sus labios le acosaban el cuello a besos. Leonardo gemía, mientras notaba las manos calidas de Ezio tocandole la entre-pierna. Leo bajó al suelo, y Ezio le siguió mientras le quitaba los pantalones. Leonardo empezó a notar algo en su espalda, como si le acariciasen para que se despertara.
Y en efecto. Abrió. Verrocchio, su ayudante, le estaba despertando.
-Ah... Me he dormido...-se rascó los ojos.
-Maestro... ¿Esta bien?-sonrojó un poco.
-Pues claro que...-Leo se dió cuenta del bulto que tenía en la entre-pierna y se tapó corriendo con la boina.- Vete a hacer cosas.
-Es que tiene visita...-Verroncio señaló a Ezio, que sonrió y le abrazo.
-¡Qué de tiempo Leonardo!
-¡Ezio, amigo!
-Te veo... ¡Contento!-rió.
-Eh...-Leo se rasco la cabeza, riendo incomodo.- Anda, vamos a tomar una copa de vino, y me cuentas como mataste a Cesar Borgia.
Los dos amigos se sentaron a hablar, aunque Leo prefiriese hacer otra cosa, estaba feliz de estar con su amigo.                                              

lunes, 23 de enero de 2012

Danielle, an assassin's more.

[Danielle, Jeff y Max son OC's, los demás personajes pertenecen todos al videojuego Assassin's Creed.]
  Danielle... El viento que cortaba con su carrera, susurraba su nombre. Su corazón palpitaba fuertemente y sus pupilas estaban dilatadas. El veneno le empezaba a hacer efecto y le pesaba el cuerpo, como si llevara zapatos de plomo. Miro a ambos lados de la carretera y cruzó sin ni siquiera pararse, pero no pudo más, más bien, su cuerpo no pudo más y cayó al suelo. Se apoyo en sus brazos, mientras que su hoja oculta caía rota de el mecanismo de su muñeca derecha. Se arrastro unos centímetros, y tosiendo, sacó la pistola.
-Puñeteros templarios...-volvió a toser.-Juro que morirán todos.
Cerró los ojos, para no romper a llorar.
Del edificio de enfrente, cayó haciendo un salto de fe un cuerpo al contenedor de basura. De él, salió un chaval, con una capucha, parecida a la de Danielle, que le tapaba toda la cara, salvo una sonrisa malvada. Del cinturón saco un bote, y se agachó para dárselo a ella.
-¿Sigues viva, Dan?-le pincho la mejilla con el dedo.
-Claro-suspiró y le miró.- No puedo levantar los brazos, me siento...
Antes de que pudiera seguir hablando, él ya le había obligado a beber se el bote, que contenía una especie de antídoto.
-Tenemos ordenes de alejarnos de Abstergo. Estamos perdiendo demasiados hermanos-la tomó en brazos, como a una princesa.-Lucy se las apaña bien sin nosotros...
Aceleró el paso, el silencio solo lo rompían sus pisadas por aquella calle.
-Jeff, ¿la echas de menos?-susurró Danielle, con miedo de recibir una respuesta.
-Claro, han pasado tantos años, que me he olvidado de su voz.
Cuanto más se acercaba al final de la calle, más se distinguía un deportivo negro de una extraña marca europea. Jeff saco una llave automática de su bolsillo y la lanzo hacia arriba, haciendo que Danielĺe la cogiera.
-Puedes abrir el coche, ¿verdad?-paro enfrente de él.
-Incluso andar.-abrió el coche.-Baja me ya...
-Claro-la dejo en el suelo.
Por un momento, Danielle perdió el equilibrio, pero Jeff la sujeto.
-No estas en condiciones de nada.-Suspiró.
La sujeto pasando su brazo por sus hombros, abrió la puerta del coche y puso a Dan en el asiento del copiloto.
-Lo siento, ultima mente...-Esperó a que Jeff se sentará en el asiento del conductor.- No se lo que me pasa.
Dan empezó a entrelazar sus manos y a jugar con los dedos, mientras que Jeff conducía serio. Siempre sonreía, menos cuando estaba de misión cerca de Abstergo. Parecía tener miedo de que le pasara algo, o eso pensaba Dan. Por suerte, casi siempre salía sin ningún rasguño.
Después de conducir varios kilómetros, Dan se sentía cansada. Volvía a notar como su cuerpo le pesaba, y su respiración le costaba. Miraba a Jeff por el rabillo del ojo, intentando que no se diera cuenta de que el veneno no se había erradicado por completo de su cuerpo. No quería preocuparte, le veía demasiado ocupado pensando en algo. Quizás en su amiga Lucy, o en los templarios. De lo que estaba segura, es que en ella no era, y eso la hacia sentir como si tuviera un agujero en el pecho.
Entonces el coche torció, y paro fuera de la carretera.
-Dan...
-¿Qu-qué?-le miró curiosa.
Este saco un pañuelo y se lo dio.
-Te sangra la nariz. ¿Te encuentras bien?
Rápidamente Danielle se limpió. Sus mejillas enrojecieron, pero no se dio cuenta. Estaba empezando a perder la sensibilidad de varias zonas de su cuerpo, y tenia arcadas. De todas maneras, asintió.
-Un poco mareada, pero bien...-saco el espejo y se miró.
-Quizás no haya funcionado bien el antídoto...
De un movimiento rápido, casi invisible, Jeff echo hacia atrás el asiento de Dan, que se quedo sorprendida y un poco asustada. Él se acercó, y junto sus cabezas por la frente para comprobar si tenia fiebre.
-Tienes unas décimas, no es buena señal.
-De-dejame. Solo necesito descansar y una bolsa para vomitar...
-Qué agradable-levantó lentamente el asiento y la incorporó.-En la guantera hay bolsas para eso.
Dan metió los dedos y tiró para abrirla. Dentro había un paquete de chicles, unas pastillas y una caja de preservativos, pero ninguna bolsa.
-Como no quieras que use un... ¿Para qué tienes aquí condones?
-¿Condones?
Jeff se apoyo un momento en las piernas de Dan, y metió la mano dentro de la guantera, palpando todo lo posible, hasta que saco una bolsa negra.
-Toma-se colocó.-Los condones no son...
-Para. No quiero saber lo que haces en este coche, que ya bastantes ganas tengo de vomitar-abrió la bolsa.
Él río sonrojado. Dan pensó que era una risa de... ''Sí. Me tiro a todo lo que pillo.'' Pero no. Era una risa de... ''Solo me acostaría contigo.''
-Son de Becca. Le presté el coche no hace mucho. Si quieres ahora se los das.
-Eh... No-sonrojó un poco.
Jeff suspiró. Levantó el brazo derecho, y acarició la mejilla de Dan, esbozando una pequeña sonrisa.
-¿Estas mejor?
Se encogió de hombros.
-Supongo que sí... Volvamos, quiero hablar con Becca...
-¿Sobre los condones?-arrancó.
Danielle negó. Quería olvidar ese tema ya.
Después de llegar a la base de los asesinos, Max, un chico que estaba estudiando medicina, le saco sangre a Danielle que se encontraba recostada en el animus. Jeff había salido con Shaun a fuera y Rebecca tecleaba en su ordenador mientras escuchaba música por el MP3. Dan le hizo un gesto para que se lo quita y esperó.
-¿Qué necesitas?
-Becca. ¿Has hablado con Jeff ultima mente?-se incorporó.
-Eh... No, la verdad es que desde que me dejo el coche no he vuelto a hablar con él. ¿Por qué? ¿Le pasa algo?-apoyo su codo en la mesa y su cabeza en su mano.
-Le he notado más raro que de costumbre-suspiró y se levantó.
Esperaba escuchar un ''Tranquila, seguro que no es nada'', pero Rebecca se limitó a volver a la pantalla del ordenado.
Caminó unos pasos, y entro en una sala donde Max hacía sus experimentos. Empezó a mirar las probetas de colores, y poco a poco, se empezaba a marear. Sus pulmones se iban cerrando impidiendo el paso del aire y, Danielle, se cayó al suelo. Aun consciente, escucho la puerta abrirse y unos pasos que iban hacia ella. Seguidamente, noto un pinchazo en la nuca y como alguien la sentaba y apoyaba su espalda en la pared. No veía bien, algo borroso, pero pudo reconocer el pelo castaño y rizado de Max.
-Aguanta pelirroja, te acabo de inyectar antídoto-dijo acariciándola la cara.
Poco a poco, iba recobrando la visión, y pudo mirar los ojos claros ojos de Max que reflejaban los suyos pardos. Se colocó bien y tosió un poco.
-Gracias Max. ¿Qué veneno?
-Era una mezcla entre varios venenos-se cruzo de piernas.-Esta gente avanza a unos grandes pasos, pero nosotros somos mejores.
-Supongo, si no, no estaría viva-rieron.
-Bueno, también es gracias a Jeff. Si no te hubiera dado el primer antídoto, no creo que este hubiera funcionado ni tan rápido ni tan eficaz-se cruzó de brazos.
-Luego se lo agradeceré.
Mientras ellos mantienen una conversación en el laboratorio, Jeff volvió a buscar a Danielle para llevarla a casa, pero Rebecca le dijo que estaba con Max. Lo primero que sintió fueron celos, pero no podía justificar se los a nadie, porque nadie sabía sus sentimientos hacia Danielle. Solo se dedicó a sonreír y caminar hasta la puerta del laboratorio.
-¿Y por qué no le dices que le quieres?
-Porque no es tan fácil...
Max le agarro la mano, y puso cara de cachorro abandonado.
-Desde que te conocí, solo he podido pensar en ti. Estas hay cuando te necesito, cuando río, cuando lloro. Para mi lo eres todo, y te quiero.
Al escuchar esto último, Jeff abrió la puerta de un portazo, creyendo evitar la parte de la confesión de Danielle hacia Max. Se acercó a ellos, y sonrío de una manera tan forzosa, que los dos se dieron cuenta.
-Siento si interrumpo algo, pero será mejor que te lleve a tu casa, Danielle.
Max se levantó y ayudo a Danielle. Luego miró a Jeff, y después a Danielle, y empezó a reír.
-Eh... Jeff, se que lo has oído todo, debajo de la capucha tienes cara de tonto. Pero tranquilo, eso no iba para Danielle.
Pero él solo negó, y tiró de Danielle.
Jeff bajaba serio las escaleras y Dan iba detras. Ninguno soltaba palabra de lo que acababa de pasar y el aire se notaba tenso. Él iba acelerando el paso, y la pelirroja intentaba seguirle, pero aun no estaba del todo recuperada y acabo tropezando y cayendo en su espalda. Se agarro a su sudadera y soltó un pequeño gemido de dolor.
-Lo... Lo siento-gimoteo.- Max no se me ha confesado, ha dicho eso...
Antes de que pudiera terminar, Jeff se giró y la abrazo.
-No pienso permitir que nadie más que yo se te acerque.
La dio un beso en la mejilla, se giró, y cogiéndola del trasero, la subió a caballito y siguió bajando las escaleras. Una vez llegaron abajo, Jeff la soltó y se agacho hasta que sus caras estaban a la misma altura. Ella le echo la capucha hacia atrás, enseñando sus negros cabellos y sus ojos verde oscuros.
-Te amo, Danielle-era la primera vez que había dicho su nombre completo.
-Y yo...
Antes de poder terminar, sonaron sus teléfonos móviles. A los dos les enviaron un SMS en el que les pedían volver a Abstergo, porque Luce tenía problemas. Jeff se puso la capucha corriendo y fue hacia el coche con la misma rapidez.
-No me da tiempo a llevarte a casa, espera aquí-montó.
-Jeff, espera por favor...
Pero no le hizo caso. Arrancó y se fue, dejando sola a Danielle en el aparcamiento.
Sentada, Danielle se mordía las uñas. Quería que Jeff volviera sano y salvo, y lo más pronto posible. Golpeó la mesa y se levantó gruñendo con frustración.
-Calma.-Le aconsejó Rebecca.
-Es un bruto, volverá sin rasguños.
-Eso espero, Shaun, eso espero-metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar de un lado a otro.
-¿Quieres hacer una sesión de animus?
-Me-meterme ahí-señaló la maquina.
-Sí. ¿No quieres ver que vivió algún antepasado tuyo?-sonrío y preparó el animus.
-Eh... Bueno, si con eso se me pasa más rápido el tiempo.- Se levantó y se sentó en la maquina.
-Notarás un pequeño pinchazo, ve cerrando los ojos.