jueves, 26 de enero de 2012

ACL [EzioxLeo]

Leo estaba sentado en su escritorio. Dibujaba a un hombre, desnudo, con el pelo algo largo, pero no le salía. Algo iba mal en ese hombre, y ni si quiera le había dibujado la cara. Por las calles de Roma, se oían a los heraldos hablar de asesinos que mataban gente asociada a los jefes de Leonardo, los Borgia. En especial, Ezio Auditore Da Firenze. Cada vez que ese nombre entraba en el taller del artista, a este, se le rizaba la piel, y se le aceleraba el corazón. Quería verle, pero no podía. Era peligroso, para los dos. Además, ¿de que le serviría? Ezio era un hombre de mujeres, de muchas y bellas mujeres, y pensar en ello, a Leo solo le hacía que el pecho le doliera. Dejó el lapiz, suspiró, y se recosto sobre el escritorio. No podía dejar de pensar en el chico de Florencia, y en qué estaría haciendo en esos momentos. De repente, un ruido. El techo vibró, como si alguien hubiera caido encima. Leonardo se dío cuenta de que en toda Roma sonaban las campanas, y se levantó para ir a ver que pasaba. En cuanto abrío la puerta, Ezio entro de golpe y acabaron los dos en el suelo. El chico, más bien hombre, de pelo castaño, sonrío, se levanto corriendo y cerró la puerta.
-Ha faltado poco-estiró la mano para levantar a su camarada.
-¡Ezio, amigo! ¡Me alegro de que estes bien!-este le recibió con un calido abrazo, como de costumbre.
-Si no te importa que me esconda aquí un poco, es por que afuera...
-Mirá, ya tendrás tiempo de contarmelo. Ahora sientate, voy a sacar vino.
Ezio esbozó una linda sonrísa y se sentó en el escritorio. Mientras esperaba, miró los trabajos de Leonardo. 
-Leo, ¿qué es esto?-levantó el ultimo dibujo que estaba haciendo.               
-Eh... -Dejó las copas, sin saber muy bien que decir.-Estaba dibujando las proporciones perfectas de un hombre. Sí, eso...
Soltó unas pequeñas carcajadas mientras servía el vino. sabia que Ezio era algo bobo, pero tenía miedo de que no tanto. 
-Oh. Creo qué la tiene muy pequeña. Siendo tú como eres... Habrás visto muchas, ¿no? 
Este comentario hizo que el rubio sonrojara. De un trago, se metió la copa de vino de un solo trago. No se podía creer lo que acababa de decir el asesino, le venia grande tener que explicarle eso. Río un poco, y se volvió a llenar la copa.
-Perdón por el comentario, es que pensaba que tú...-se disculó Ezio al ver la reacción de Leo.
-Tranquilo... Muchas, no, no he visto.
Los dos bebiéron de nuevo. Intentando cambiar de tema.
-Eh... ¿En qué estas trabajando?
-Estoy pintando cua...-La puerta fue aporreada. 
Ezio, salió corriendo y se metío detras de la puerta, mientras que Leonardo la abrió. Un señor de la guardia, junto a otros, estaban al otro lado. El artista tragó saliva y sonrío.
-¡Buenas tardes! Le traemos esta carta, de la señorita Lucrecia Borgia.
-Muchas gracias.-hizo una pequeña reverencia, y cerró.
-¿Qué es?-preguntó el asesino volviendo a la mesa.
-Un estúpido encargo, nada nuevo...-dejo la carta sobre la mesa, se sentó y suspiró.
El rubio estaba cansado de trabajar para los enemigos de el chico al que amaba. Se sentía mal cada vez que tenía que hacerles un arma, o otro tipo de cosas. Cerró los ojos, y antes de abrirlos, notó el roce de los labios de Ezio con los suyos. Estuvo a punto de apartarse, para pedir explicaciones, pero en cambio, abrio los labios dejando entrar la lengua del qué poco a poco iba a dominar su cuerpo. 
-Ezio... ¿Qué esta pasando? 
-Leonardo, es que, ultimamente, no he podido dejar de pensar en tí, y sentia que tenia que tocarte y...-le volvio a besar. Más fuerte, con más lujuria.
Las manos de Ezio paseaban por todo el cuerpo de Leonardo, hasta llegar a los pantalones, mientras sus labios le acosaban el cuello a besos. Leonardo gemía, mientras notaba las manos calidas de Ezio tocandole la entre-pierna. Leo bajó al suelo, y Ezio le siguió mientras le quitaba los pantalones. Leonardo empezó a notar algo en su espalda, como si le acariciasen para que se despertara.
Y en efecto. Abrió. Verrocchio, su ayudante, le estaba despertando.
-Ah... Me he dormido...-se rascó los ojos.
-Maestro... ¿Esta bien?-sonrojó un poco.
-Pues claro que...-Leo se dió cuenta del bulto que tenía en la entre-pierna y se tapó corriendo con la boina.- Vete a hacer cosas.
-Es que tiene visita...-Verroncio señaló a Ezio, que sonrió y le abrazo.
-¡Qué de tiempo Leonardo!
-¡Ezio, amigo!
-Te veo... ¡Contento!-rió.
-Eh...-Leo se rasco la cabeza, riendo incomodo.- Anda, vamos a tomar una copa de vino, y me cuentas como mataste a Cesar Borgia.
Los dos amigos se sentaron a hablar, aunque Leo prefiriese hacer otra cosa, estaba feliz de estar con su amigo.                                              

1 comentario:

  1. hola soy cande la del tuenti y facebook me encanta tu blog ;)

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