miércoles, 15 de agosto de 2012

DRRR!! - Don't Go. [Shizaya yaoi]



 Ya eran las seis de la tarde, quedaba una hora para que el programa de dibujos favorito de Izaya comenzara a emitir. Estaba teniendo una conversación con los Dollars, como de costumbre, cuando alguien llamó a la puerta. Esperó un segundo, pero enseguida se dio cuenta de que Namie se había ido en busca de su hermano y no volvería tras unos días. Se despidió de sus ciber-amigos y se levantó a abrir. Al otro lado de la puerta se encontraba una chica rubia, con el pelo largo y los ojos azules. Era japonesa, y bastante guapa, tanto de cuerpo como de cara.
—Buenas tardes, Orihara Izaya-san. Soy Akise Nanao ¿Me recuerdas? —Tenía una gran sonrisa.
—Íbamos juntos a secundaria, ¿verdad? —Se apoyó a la puerta y se cruzó de brazos sonriendo.
—Verdad. Verás, unas fuentes que no puedo rebelar, me han dicho que eres el mejor informador de Ikebukuro.
—Comprendo. Pasa, pasa y siéntate—la dejó entrar y cerró la puerta. —Y dime, ¿sobre qué necesitas saber?
—Heiwajima Shizuo-san. ¿Le recuerdas? Por tu culpa le atropelló un camión—su cara cambió y se sentó en el sofá.
—Oh, como olvidar a Shizu-chan—él siguió sonriendo, arqueando una ceja y sentándose en su mesa.
—Pues, quiero verle. Necesito saber por donde se mueve.
—Espera, ¿no eras tú la chica que se le declaró en secundaria?
—Sí, la que le besó delante de todo el instituto…—sonrojó.
—Oh, entiendo. ¿Para qué quieres verle, si puedo saberlo? —Apoyó los codos en la mesa y sujeto su barbilla con las manos.
—Quiero contratarle de guarda-espaldas. Trabajo con su hermano, soy su agente y necesito a alguien para ir a Europa.
—¿Te lo quieres llevar a Europa? Vaya… Qué bien—su mirada había cambiado, a amenazante. —Sushi Ruso. ¿Conoces ese sitio?
—Sí. ¿Está allí? —Se levantó rápidamente.
—No tardará en pasar por allí.
—Muchas gracias. ¿Cuánto te debo? —Se acercó a su mesa.
—Con que te le lleves a Europa y no le vuelvas a traer, estoy pagado.
—Tranquilo, no le volverás a ver—se volvió a la puerta, y antes de salir miró a Izaya. —¿Sabes, Orihara-san? Pensaba que eras un capullo sin escrúpulos, además que me lo han dicho varias personas. Pero, puede que se equivoquen.
—Gracias y adiós.
Cuando Akise Nanao salió, Izaya palideció. Quería ver a Shizuo muerto, pero, no quería que se fuera. No podía permitirlo. Empezó a darle vueltas a la cabeza, pensando en una manera para que se quedara, pero no encontraba ninguna. Shizuo no iba a quedarse en Japón por Izaya, y menos si podía estar cerca de su hermano. <<¡Kasuka! ¡Él es la clave!>> pensó. Agarró su teléfono móvil, lo conectó al ordenador y le envió un E-mail a Shizuo con un número falso.
“Tu hermano Kasuka acaba de entrar en el apartamento de Orihara Izaya”.
Ya lo había hecho. Solo tenía que esperar. Agarró una pistola de dardos que tenía en el cajón, fue a la cocina, cogió una cerveza y se sentó en el sofá a ver los dibujos. Shizuo no tardó más de media hora en llegar. Parecía que había una estampida en el rellano y abrió la puerta de un solo puñetazo, gritando el nombre de Izaya. Este se giró, y casi sin apuntarle, le disparó dos dardos al cuello, que le dejaron K.O. en cuestión de segundos.
La luz de la luna se colaba por la ventana y le daba en los ojos a Shizuo. Llevaba horas inconsciente y le dolía la cabeza. No sabía muy bien donde estaba, pero podía imaginárselo al ver a su alrededor. Una habitación normal, con una cama, una mesilla… A su lado había un bote de leche, pero no podía cogerlo porque estaba atado de pies a manos.
—Izaya…—susurró varias veces, aumentando el volumen de su voz. —¡IZAYA! Pocos segundos después, Izaya sacó la cabeza por la puerta y sonrió.
—Buenos días, bello durmiente—uso un tono burlón.
—Voy a matarte maldito bastardo…. ¿Y Kasuka?—todavía sentía ese dolor de cabeza.
—Nunca ha estado aquí. ¿Has visto? Te he traído leche, ya que odias la cerveza…—se acercó y se sentó sobre él rodeando su cadera con las piernas.
—¿Qu-qué haces? —Se sentía avergonzado, y a la vez mareado.
—Darte de beber. Si te portas bien te llevaré al baño, ¿sí~?
—Quítate de encima, maldita pulga…—empezó a quedarse sin aire.
—¿Shizu-chan? ¿Qué te ocurre…?—se quitó de encima y le soltó las manos. —Mierda, Shizuo, no te mueras aquí…
Shizuo se estaba ahogando por culpa del veneno de los dardos. Izaya comenzó a ponerse nervioso y a apretarle el pecho, haciéndole un masaje cardio-vascular. No podía dejar que se muriera, pero no solo era el hecho de que se muriera en su casa y fuese su culpa, si no de que no quería perderle. Le tapó la nariz y le hizo el boca a boca hasta que Shizuo volvió a respirar.
—¿Estás bien? —Se apartó algo asustado.
—He estado mejor…—tosió un poco y se quedó mirándole. —¿Por qué me has salvado…?
—No puedo dejar que mueras en mi casa.
—¿¡Y por qué mierdas estoy atado?! —Movió las piernas intentando soltarse.
—Es una larga historia…—volvió a sonreír. —Shizu-chan, te sabe la boca a cigarro.
—Encima eso… Nunca pensé que alguien como tú, tan sociópata me salvaría. Y menos tú—Izaya esperaba que eso sonara amenazante, pero no lo hizo.
—B-bueno, ya sabes, nunca te fíes de las-
Antes de poder terminar, Shizuo le había cogido del cuello y había juntado sus labios.
Los dos empezaron a jugar con sus lenguas, mientras Izaya pasaba las manos por los hombros del rubio. Se separaron sin soltarse y se miraron sonrojados, el uno al otro.
—¿Por qué lo has hecho?
—Porque no me ha resultado agradable, y los besos siempre son agradables. Por lo menos el que me dieron en el instituto lo era.
—Oh, es verdad, Akise Nanao… Shizu-chan, ¿este ha sido agradable? —Titubeó.
—Deja de llamarme Shizu-chan… ¿Te acuerdas de esa chica?
—Ha venido hoy a verme… Shizu-chan, ¿te irías con ella y con tu hermano a Europa?
—¿C-con ella y mi hermano…?—hubo un silencio. —Claro que no. ¿Tienes miedo de que me vaya o me quieres echar del país?
—No es asunto tuyo…—sonrojó un poco.
—Con que no es asunto mío, ¿eh? —Le empujó contra la pared y le besó fuertemente. —No me voy a ir.
—Necesitaba saberlo, Shizu-chan…—sonrió y volvió a besarle.

martes, 7 de agosto de 2012

HTF ~ Love.



Empieza a llover, genial para el animo de Flippy, que camina por la oscuridad tropezandose con su alma. Y es que había sido un día muy difícil, desde lo mal que lo ha pasado por la mañana, hasta lo ocurrido esta tarde... Lo único que quiere es volver a casa, tumbarse en la cama, y no volver a despertar nunca. Sí, eso le gustaría. Su boina comienza a deslizarse por su cabeza, llena de sangre. La agarra y observa las manchas. Una voz le decía que entre esa sangre tenía que haber de esa maldita ardilla roja.
Esa mañana había empezado en la casa de Cluddles. Flippy había ido allí para asesinarle. Por haber estado hasta esa mañana con Flaky, y lo había conseguido. Ojos en el suelo, rodeados de intestinos y el cuerpo del chico. Flaky estaba asustada en una esquina, temblando, evitando mirar a Flippy, que aun sostenía el cuchillo. Antes de poder hacer nada, Splendid entró rompiendo la ventana y atacando a su amigo para que volviera a su ser. Splendont, que había entrado después que Splendid, agarró a Flaky, y se la llevó. Hubieron varios golpes, he incluso Splendid se llevó un navajazo en el estomago, hasta que Flippy reaccionó. Corrió al armario al ver toda la sangre y se encerró dándose cuenta de todo lo que había hecho. Todo por la rabia y los celos que le producían al pensar en que Flaky podía estar con otro. Ella no le pertenecía, nunca habían hablado de una relación. De sobra sabía que una chica tan asustadiza jamás saldría con un asesino como él. Notaba un dolor en la barbilla, quería llorar, pero un hombre no llora. Y menos un hombre que ha visto cosas como él.
—¡Flippy! ¿Eres tú? ¡Venga, vamos, hay que salir de aquí!—gritaba su amigo enmascarado.
—¡N-no puedo, Splendid! ¡Estoy cansado de perder el control...!—titubeaba.
—Entiendo...—suspiró mientras se apoyaba contra el armario.—Entonces te quedarás hay toda la vida, supongo. ¿Puedo pedirle una cita a Flaky?
Flippy dio un golpe contra el otro lado del armario.
—Splendid... ¿Estás herido?
—Bueno, solo estoy desangrándome un poquito, pero creo que se me pasará cuando me quede sin sangre, así que no hay que preocuparse—rió con ironía.
Un ruido hizo que se quitara corriendo del armario, que se abrió segundos después.
—Ya bastantes chicas tienes, no pienso dejar que te acerques a Flaky, y menos de muerto viviente, “ardilla fuente de sangre”.
Splendid soltó una pequeña carcajada, y Flippy agarró su brazo y se lo pasó sobre los hombros. Cerró los ojos y respiró hondo antes de salir de aquella casa. Caminaron unas manzanas por callejones, no querían encontrarse con alguien. Iban a la casa de Splendid, donde el se podría recuperar de la herida y Flippy se disculpara con Flaky. Tenía miedo de que ella se enfadara con él hasta el punto de odiarle. Cuando llegaron, llamaron con la esperanza de que alguien abriera, pero allí no había nadie al parecer.
—¿Llevas llaves?
—En el bolsillo izquierdo del pantalón, perdona que no las saque, pero temo desangrarme si suelto la herida.
—No pienso meterte mano.
—Venga Flippy, lo estás deseando, dame un besito.
—¡Estate quieto!—metió la mano en el pantalón y cogió la llave.
Después de entrar, dejó a Splendid sobre el sofá y subió en busca del botiquín que según el peli-azúl, estaría en la habitación de su nuevo invitado, con él que no se llevaba bien, Splendont. Llegó a la habitación, y abrió sin llamar, pensando que no habría nadie. Flaky dormía en el pecho de Splendont, y juntos en la cama de este. Al verlo, Flippy golpeó fuertemente la puerta, haciendo que Splendont saltara de la cama y se pusiera en posición de ataque contra él. Flaky gritó y se escondió detrás de la almohada, sin entender nada.
—Perdón si interrumpo algo—tragó saliva y cogió aire.—Necesito el botiquín.
—Oh, eres normal. Menos mal, no tengo ganas de pelear ahora—se relaja y se acerca al armario para sacar el botiquín.
—¿C-cómo? ¿Qu-qué ha pasado?—tartamudeaba ella desde detrás de la almohada.
—Toma, el botiquín—se acercó a dárselo y esté se lo quitó bruscamente.
Lo agarró y se fue cerrando la puerta de golpe al salir. Antes de llegar a las escaleras, la puerta se abrió y Flaky salió sonrojada.
—E-espera, ¡n-no es lo que parece. Flippy!—le gritó.
—Ah... Con que no es lo que parece...—sonrío y tiró el botiquín.
Acto seguido, corrió hacia ella y tiró encerrandola junto a él en una habitación. Echó el cerrojo y la empujó contra la cama pasando su boca por su cuello. Flaky gritaba que parase y empezó a lagrimear, pero este no paró hasta que la arrancó la ropa. La puerta calló al suelo, y Splendont apartó de un golpe a Flippy, que se chocó contra la pared y se quedó inconsciente. Flaky lloraba, y se acercó a Flippy, aun temblando y agarrándose la ropa.
—¿L-le has matado?
—No, solo se ha quedado inconsciente. Baja con Splendid, ahora le llevaré abajo—suspiró, llevándose la mano a la cabeza.
Flippy despertó varias horas después, con dolor de cabeza. Flaky, desde un sillón, le miraba tapándose con una manta hasta la boca, mientras Splendont dormía en el otro sofá.
—¿Y Splendid...?—balbuceó, incorporándose.
—A-arriba, descansando de su herida. ¿Q-qué tal estás?
—Bien, me duele la cabeza. Tengo un vago recuerdo de lo que ha pasado, lo siento de veras, Flaky. Jamás he querido hacerte daño...—bajaba el tono de la voz según hablaba.
—N-no pasa nada, s-se que no es tu culpa—se destapó un poco y le miró sonrojada.
—Si yo pudiera controlarme, si pudiera... Perdóname por todo.
—¡No! ¡S-sí pudieses controlarte, lo harías!—se tapó la boca, miró a Splendont, y se levantó quedándose frente a Flippy, sin saber si sentarse o no.—¿Sabes? N-no te tengo miedo.
—¿A-ah no? Pero he matado a tu amigo, ahí arriba casi... Algunas veces creo que yo me quedé en el campo de batalla. Que yo ya no soy...
—Tu eres Flippy, y-yo t-te qu...
—¡Buenos días!—Splendont se levantó estirándose.—¿Qué hacéis?
—Hablamos de cosas nuestras, ¿te importaría...?—le mira con ojos amenazantes.
—¿Qué? Me echas de mi salón, ¡qué mal invitado eres!—bosteza y agarra a Flaky del brazo.—Puedo irme, pero no la voy a dejar sola contigo, no quiero que te la cargues.
—P-pero Splendont...
Flippy se levantó resignado, y se fue.
Volvemos al principio, donde una puerta separa a Flippy de su casa. Está calado hasta los huesos, y deseando quitarse la ropa mojada. Se tira en el sofá, y deja que la boina tape sus ojos. Empieza a desabrocharse la chaqueta, hasta quedarse sin nada en la parte de arriba. Y antes de poder quitarse el pantalón, alguien llama a la puerta. Flippy lanza un pequeño gruñido, pero recuerda como llueve a afuera, y se levanta a abrir. Al otro lado, Splendid y Flaky, debajo de la chaqueta del Súper-héroe, con una sonrisa.
—¿Qué hacéis aquí?
—¿Venimos en mal momento? Flaky quería terminar una conversación o no se qué cosa—ríe diciendo esto.
—No... Me iba a quitar la ropa mojada. ¡Pasar! ¿Qué tal te encuentras?
—Bien, como un héroe que soy, me curo a la velocidad de la luz—sonríe y mira a Flaky.—Será mejor que me vaya, he dejado a Splendont sin conocimiento para traer a Flaky hasta aquí, no se fía de ti.
—Hace bien...
—Si ella quería venir será por algo. Confío en que no la harás nada, que ella no quiera—levanta las cejas, y los dos se sonrojan.
—Adiós, Splendid, y gracias.
—No es nada, amigo. Llamarme si tenéis algún problema—saluda con dos dedos en la cabeza, y sale.
Flaky mira muy sonrojada a Flippy. Es la primera vez que está a solas en una casa con Flippy, y él sin camiseta. Este ríe y le ofrece sentarse en el sillón, quitando la ropa del sofá.
—Ti-tienes una casa bonita...
—Ya has estado aquí otras veces—ríe.
—P-pero siempre con Splendid, o c-con alguien. Además, c-creo que nunca te he dicho que tienes una casa bonita.
—No, no lo has dicho. ¿Qué me ibas a decir cuando Splendont nos interrumpió...?—la mira, algo sonrojado.
—P-pues...—sonroja muchísimo, lo suficiente para que le salga humo y esconde la cara en las manos.—Te-te qu...
—Ay...—suspira, y se lanza a abrazarla.—Te quiero, Flaky.
—¡Y-y yo a t-ti!—le aparta un poco, empujándole, y le besa.
El sol le da en los ojos a Flippy, y hace que se despierte. Al incorporarse, puede sentir el roce del pelo rojo de Flaky en su pecho. Sonroja un poco, sonríe, y destapa a su chica, para despertarla. Flaky yace, entre sangre, con la cara llena de lagrimas, y el corazón sobre la cama. Ya no despertará.